Lunes 20 de enero

Reflexión sobre el Evangelio

La respuesta de Cristo declara, a propósito de un caso particular, las relaciones entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. En el Antiguo el Esposo aún no había llegado, en el Nuevo está presente en Cristo. Con El empiezan los tiempos mesiánicos, una época nueva y distinta de la anterior. El ayuno de los judíos, por tanto, hay que entenderlo, dentro del conjunto de sus observancias religiosas, como preparación de todo el pueblo para la venida del Mesías. Cristo muestra la diferencia entre el espíritu que El trae y el del judaísmo de aquella época. Este espíritu nuevo no será una pieza añadida a lo viejo, sino un principio vivificante de las enseñanzas perennes de la antigua Revelación. La novedad del Evangelio, lo mismo que el vino nuevo, no cabe en los moldes de la Ley antigua.

Pero este pasaje dice algo más: para recibir la nueva enseñanza de Cristo es preciso que los hombres se renueven por dentro y, en consecuencia, se desprendan de las rutinas de una vida anquilosada.

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