Martes 21 de enero

Reflexión sobre el Evangelio

Los panes de la proposición eran doce panes que se colocaban cada semana en la mesa del santuario, como homenaje de las doce tribus de Israel al Señor. Los panes reemplazados quedaban reservados para los sacerdotes que atendían el culto. La conducta de Abiatar anticipó la doctrina que Cristo enseña en este pasaje. Ya en el Antiguo Testamento Dios había establecido un orden en los preceptos de la Ley, de modo que los de menor rango ceden ante los principales.
A la luz de estos se explica que un precepto ceremonial (como el que comentamos) cediese ante un precepto de la ley natural. Igualmente el precepto del sábado no está por encima de las necesidades elementales de subsistencia. El Concilio Vaticano II se inspira en este pasaje para subrayar el valor de la persona por encima del desarrollo económico y social: «El orden social y su progresivo desarrollo deben en todo momento subordinarse al bien de la persona, ya que el orden de las cosas debe someterse al orden de las personas y no al contrario. El propio Señor lo advirtió cuando dijo que el sábado había sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado. El orden social hay que desarrollarlo a diario, fundarlo en la verdad, edificarlo sobre la justicia, vivificarlos por el amor» (Gaudium et spes, n. 26).

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