Viernes 14 de febrero

Memoria de San Cirilo, monje, y san Metodio, obispo

Antífona de Entrada

Estos son los hombres santos que se hicieron amigos de Dios, insignes predicadores del Evangelio.

Oración Colecta

Dios nuestro, que iluminaste a los pueblos eslavos por medio de los santos hermanos Cirilo y Metodio, concede que comprendamos de corazón las palabras de tu doctrina y que formemos un pueblo unido en la fe verdadera y en su recta profesión.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.

Primera Lectura

Ustedes serán como dioses, pues conocerán el bien y el mal.
Lectura del libro del Génesis 3, 1-8

De todos los animales salvajes creados por el Señor Dios, la serpiente era la más astuta. Un día le dijo a la mujer: «¿Es cierto que Dios les ha prohibido comer de todos los árboles del jardín? » La mujer le respondió a la serpiente: «No. Sí podemos comer los frutos de los árboles del jardín; pero de los frutos del árbol que está en el centro, Dios nos ha prohibido comer y nos ha dicho que no lo toquemos, porque, de lo contrario, moriremos».

La serpiente le dijo a la mujer: «Eso de que ustedes van a morir no es cierto. Al contrario, Dios sabe muy bien que, si comen de esos frutos, se les abrirán los ojos y serán como dioses, pues conocerán el bien y el mal».

Entonces los frutos de aquel árbol le parecieron a la mujer apetitosos, de hermoso aspecto y excelentes para adquirir sabiduría. Tomó de los frutos y comió; y después le dio a su marido, que estaba con ella, y él también comió. Al momento se les abrieron los ojos a los dos y se dieron cuenta de que estaban desnudos. Entrelazaron unas hojas de higuera y se cubrieron con ellas.

Oyeron luego los pasos del Señor Dios, que se paseaba por el jardín a la hora de la brisa, y se ocultaron de su vista entre los árboles del jardín.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Del salmo 31
Perdona, Señor, nuestros pecados.

Dichoso el que está absuelto de su culpa y su pecado. Dichoso en quien el Señor no encuentra ni delito ni engaño.
Perdona, Señor, nuestros pecados.

Ante el Señor reconocí mi culpa, no oculté mi pecado. Te confesé, Señor, mi gran delito, y tú me perdonaste.
Perdona, Señor, nuestros pecados.

Por eso, en el momento de la angustia, que todo fiel te invoque; y no lo alcanzarán las grandes aguas, aunque éstas se desborden.
Perdona, Señor, nuestros pecados.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Abre, Señor, nuestros corazones, para que comprendamos las palabras de tu Hijo.
Aleluya.

Evangelio

Hace oír a los sordos y hablar a los mudos
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 7, 31-37

En aquel tiempo, salió Jesús de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al lago de Galilea, atravesando la región de Decápolis. Le llevaron entonces a un hombre sordo y tartamudo, y le suplicaban que le impusiera las manos. Él lo apartó a un lado de la gente, le metió los dedos en los oídos y le tocó la lengua con saliva. Después, mirando al cielo, suspiró y le dijo: «¡Effetá!» (que quiere decir «¡ábrete!»).

Al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y empezó a hablar sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, ellos con más insistencia lo proclamaban; todos estaban asombrados y decían: «¡Qué bien lo hace todo!: Hace oír a los sordos y hablar a los mudos».
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Oración sobre las Ofrendas

Mira, Señor, los dones que presentamos a tu divina majestad en la conmemoración de los santos Cirilo y Metodio, y concede que se conviertan en el signo de la humanidad nueva reconciliada contigo en el amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Antífona de la Comunión

Salieron los discípulos a predicar el Evangelio; y el Señor actuaba en ellos y confirmaba la predicación con los milagros que hacían.

Oración después de la Comunión

Dios nuestro, Padre de todos los pueblos, que nos haces partícipes de un mismo pan y un mismo Espíritu y herederos del banquete eterno, en esta fiesta de los santos Cirilo y Metodio, concédenos, benigno, que la muchedumbre de tus hijos, perseverando en la misma fe, edifique, unánime, el reino de justicia y de paz.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.