Reflexión sobre el Evangelio
Es necesaria la gracia de Dios, incluso para desear los bienes divinos: «Dadnos, Señor, luz; mirad que es más menester que al ciego (…), que éste deseaba ver la luz y no podía; ahora, Señor, no se quiere ver. ¡Oh, qué mal tan incurable! Aquí, Dios mío, se ha de mostrar vuestro poder, aquí vuestra misericordia» (Santa Teresa de Jesús, Exclamaciones, n. 8).
