Domingo 23 de febrero

Reflexión sobre el Evangelio

«Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los aborrecen»: Jesucristo nos enseñó con su ejemplo que este precepto no es una simple recomendación piadosa: estando ya clavado en la Cruz, Jesús rogó a su Padre por los que le habían entregado: «Padre, perdónales porque no saben lo que hacen» (Lc 23, 34). A imitación del Maestro, San Esteban, el primer mártir de la Iglesia, en el momento de ser lapidado pedía al Señor que no tuviera en cuenta el pecado de sus enemigos. La Iglesia, en la Liturgia del Viernes Santo, eleva a Dios oraciones y sufragios por los que están fuera de la Iglesia para que les dé la gracia de la fe; para que los que no conocen a Dios salgan de su ignorancia; para que los judíos reciban la luz de la verdad; para que los no católicos, estrechados por el lazo de la verdadera caridad, se unan de nuevo a la comunión de la Iglesia nuestra Madre.