Reflexión sobre el Evangelio
A raíz de una discusión mantenida a sus espaldas, Jesucristo adoctrina a los discípulos sobre el modo de ejercer la autoridad en la Iglesia: no como quien domina, sino como quien sirve. El, en el desempeño de su misión de fundar la Iglesia de la que es Cabeza y Legislador supremo, vino a servir y no a ser servido (Mt 20,28).
Quien no busca esta actitud de servicio abnegado, además de carecer de una de las mejores disposiciones para el recto ejercicio de la autoridad, se expone a ser arrastrado por la ambición del poder, por la soberbia y por la tiranía. «Hacer cabeza en una obra de apostolado es tanto como estar dispuesto a sufrirlo todo, de todos, con infinita caridad» (Camino, n. 951).
