Sábado 1 de marzo

Reflexión sobre el Evangelio

El Señor destaca con toda claridad la necesidad que tiene el cristiano de hacerse como un niño para entrar en el Reino de los Cielos: «Ser pequeño exige creer como creen los niños, amar como aman los niños, abandonarse como se abandonan los niños…, rezar como rezan los niños» (S. Josemaría Escrivá, Santo Rosario, Prólogo). En definitiva, las palabras del Señor son otra manera, sencilla y gráfica, de explicar la doctrina esencial de la filiación divina: Dios es nuestro Padre y nosotros sus hijos; toda la religión se resume en la relación de un buen hijo con un buen Padre. Ese espíritu de filiación divina tiene como cualidades: el sentido de la dependencia de nuestro Padre del Cielo y el abandono confiado en su providencia amorosa, igual que un niño confía en su padre; la humildad de reconocer que por nosotros nada podemos; la sencillez y la sinceridad, que nos llevan a mostrarnos tal como somos…

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