Domingo 2 de marzo

Reflexión sobre el Evangelio

Jesucristo pone una doble comparación: la del árbol que, si es bueno, da frutos buenos, y la del hombre que habla de las cosas que tiene en el corazón. «El tesoro del corazón es lo mismo que la raíz del árbol -afirma San Beda-. La persona que tiene un tesoro de paciencia y de perfecta caridad en su corazón produce excelentes frutos: ama a su prójimo y reúne las otras cualidades que enseña Jesús; ama a los enemigos, hace el bien a quien le odia, bendice a quien le maldice, reza por el que le calumnia, no se rebela contra quien le golpea o le despoja, da siempre cuando le piden, no reclama lo que le quitaron, desea no juzgar y no condenar, corrige con paciencia y con cariño a los que yerran. Pero la persona que tiene en su corazón un tesoro de maldad hace exactamente lo contrario: odia a sus amigos, habla mal de quien le quiere, y todas las demás cosas condenadas por el Señor» (In Lucae Evangelium expositio, II, 6).