Memoria de la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia
Antífona de Entrada
Los discípulos perseveraban unánimes en la oración, junto con María, la Madre de Jesús.
Oración Colecta
Dios Padre de misericordia, cuyo Unigénito, clavado en la cruz, proclamó como Madre nuestra a su propia Madre, María Santísima, concédenos, por su cooperación amorosa, que tu Iglesia, siendo cada día más fecunda, se alegre por la santidad de sus hijos y atraiga a su seno a todas las familias de los pueblos.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.
Primera Lectura
Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya
Lectura del libro del Génesis 3, 9-15.20
Después de que el hombre y la mujer comieron del fruto del árbol prohibido, el Señor Dios llamó al hombre y le preguntó: «¿Dónde estás?» Este respondió: «Oí tus pasos en el jardín; y tuve miedo, porque estoy desnudo, y me escondí». Entonces le dijo Dios: «¿Y quién te ha dicho que estabas desnudo? ¿Has comido acaso del árbol del que te prohibí comer?».
Respondió Adán: «La mujer que me diste por compañera me ofreció del fruto del árbol y comí». El Señor Dios dijo a la mujer: «¿Por qué has hecho esto?» Repuso la mujer: «La serpiente me engañó y comí».
Entonces dijo el Señor Dios a la serpiente: «Porque has hecho esto, serás maldita entre todos los animales y entre todas las bestias salvajes. Te arrastrarás sobre tu vientre y comerás polvo todos los días de tu vida. Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya; y su descendencia te aplastará la cabeza, mientras tú tratarás de morder su talón».
El hombre le puso a su mujer el nombre de «Eva», porque ella fue la madre de todos los vivientes.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Del salmo 86
¡Cosas admirables se dicen de ti, Ciudad de Dios!
Jerusalén gloriosa, el señor ha puesto en ti su templo. Tú eres más querida para Dios que todos los santuarios de Israel.
¡Cosas admirables se dicen de ti, Ciudad de Dios!
De ti, Jerusalén, ciudad del Señor, se dirán maravillas. Egipto y Babilonia adorarán al Señor; los filisteos, con Tiro y Etiopía, serán como tus hijos.
¡Cosas admirables se dicen de ti, Ciudad de Dios!
Y de ti, Jerusalén, afirmarán: “Todos los pueblos han nacido en ti y el Altísimo es tu fortaleza”.
¡Cosas admirables se dicen de ti, Ciudad de Dios!
El Señor registrará en el libro de la vida a cada pueblo, convirtiendo en ciudadano tuyo; y todos los pueblos te cantarán, bailando: “Tú eres la fuente de nuestra salvación”.
¡Cosas admirables se dicen de ti, Ciudad de Dios!
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Oh feliz Virgen, que engendraste al Señor; oh santa Madre de la Iglesia, que en nosotros alimentas el Espíritu de tu Hijo, Jesucristo.
Aleluya.
Evangelio
Inclinando la cabeza, entregó el espíritu
Lectura del santo Evangelio según san Juan 19, 25-34
En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaba su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su madre: “Mujer, ahí está tu hijo”. Luego dijo al discípulo: “Ahí está tu madre”. Y desde entonces el discípulo se la llevó a vivir con él.
Sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo: “Tengo sed”. Había allí un jarro lleno de vinagre. Los soldados sujetaron una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo y se la acercaron a la boca. Jesús probó el vinagre y dijo: “Todo está cumplido”, e inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
Entonces los judíos, como era día de la preparación de la Pascua, para que los cuerpos de los ajusticiados no se quedaran en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día muy solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y los quitaran de la cruz. Fueron los soldados, le quebraron las piernas a uno y luego al otro de los que habían sido crucificados con Jesús. Pero al llegar a él, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le traspasó el costado con una lanza en inmediatamente salió sangre y agua.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración sobre las Ofrendas
Recibe, Señor, nuestras ofrendas y conviértelas en sacramento de salvación, por cuya eficacia y por la intervención amorosa de la santísima Virgen María, Madre de la Iglesia, nos llenemos de santo fervor y merezcamos quedar más íntimamente asociados, con ella, a la obra de la redención.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Antífona de la Comunión
Hubo unas bodas en Caná de Galilea a las que asistió María, la Madre de Jesús En esa ocasión, Jesús dio principio a sus milagros, manifestó su poder y sus discípulos creyeron en él.
Oración después de la Comunión
Habiendo recibido esta prenda de redención y vida, te suplicamos, Señor, que tu Iglesia, por la ayuda maternal de la santísima Virgen, instruya a todas las naciones, anunciándoles el Evangelio, y llene al mundo entero con la efusión de tu Espíritu.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
