Jueves 26 de junio

Reflexión sobre el Evangelio

El pueblo que escuchaba a Jesús percibió con claridad la diferencia radical que había entre el modo de enseñar de los escribas y fariseos, y la seguridad y aplomo con que Jesucristo exponía su doctrina. Las palabras del Señor nunca adolecen de inseguridad, ni presentan duda, ni exponen una mera opinión. Jesús hablaba con dominio absoluto de la verdad y con un conocimiento perfecto del verdadero sentido de la Ley y de los Profetas; es más, no pocas veces hablaba en su propio nombre, y con la autoridad misma de Dios. Todo ello confería una singular fuerza y autoridad a sus palabras, como jamás se había oído en Israel.

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