Reflexión sobre el Evangelio
Tras cumplir los doce años, Jesús, como todos los varones de Israel, tiene que acudir en peregrinación a Jerusalén. El evangelista narra las circunstancias de ese viaje con sobriedad, porque quiere detenerse en el diálogo de Jesús con su Madre. En efecto, sus padres lo encuentran «escuchando y preguntando» a los doctores, de tal manera que los presentes están «admirados de su sabiduría y de sus respuestas». Es un modo de preparar lo que se leerá a continuación: Jesús no es un niño cualquiera, sino el Hijo de Dios. El diálogo de Jesús con su Madre sorprende por su aparente desapego, pero no hay que olvidar que la mentalidad semita es aficionada a los contrastes y a las antítesis. De hecho, el centro de la escena es la frase de Jesús no comprendida por sus padres: «El hallazgo de Jesús en el Templo es el único suceso que rompe el silencio de los Evangelios sobre los años ocultos de Jesús. Jesús deja entrever en ello el misterio de su consagración total a una misión derivada de su filiación divina» (Catecismo de la Iglesia, 534).
