Martes 12 de agosto

Reflexión sobre el Evangelio

Es claro que los discípulos todavía abrigaban ambiciones terrenas al pedir el primer puesto para cuando Cristo instaure en la tierra su Reino. Para corregir su orgullo el Señor les pone delante a un niño, exigiéndoles que si quieren entrar en el Reino de los Cielos, sean por voluntad lo que los niños son por edad. Los niños se caracterizan por su incapacidad de odio y se ve en ellos una total inocencia en lo que mira a los vicios, y principalmente al orgullo, que es el mayor de todos. Son sencillos y se abandonan confiadamente. La humildad es uno de los pilares maestros de la vida cristiana: «Si me preguntáis –decía San Agustín– qué es lo más esencial en la religión y en la disciplina de Jesucristo, os responderé: lo primero la humildad, lo segundo la humildad y lo tercero la humildad» (Epístola 118,22).

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