Reflexión sobre el Evangelio
Estas palabras no contradicen, en modo alguno, la voluntad salvífica universal de Dios. En efecto, Cristo, en su Amor por los hombres, busca la conversión de cada alma con infinita paciencia, hasta el extremo de morir en la cruz. Es la doctrina que enseña el apóstol S. Pablo, cuando dice que Cristo nos amó y «se entregó a sí mismo por nosotros como oblación y víctima» (Ef 5,2). Cada uno de nosotros puede afirmar con el Apóstol que Cristo «me amó y se entregó a sí mismo por mí». No obstante, Dios, en su infinita sabiduría, respeta la libertad del hombre, que tiene la tremenda posibilidad de rechazar la gracia.
