Reflexión sobre el Evangelio
Los habitantes de Nazaret escuchan al principio con agrado las palabras llenas de sabiduría de Jesús. Pero la visión de estos hombres es superficial. Del relato evangélico parece desprenderse que estaban esperando ver a Jesús, su conciudadano, hacer milagros, como había sucedido en otras ciudades cercanas. Pero el Señor no accede a satisfacer esas vanidades, y no hace ningún prodigio, siguiendo su modo habitual de proceder (véase, por ejemplo, el encuentro con Herodes en Lc 23,7-11); incluso les reprocha su postura, explicándoles con dos ejemplos tomados del Antiguo Testamento la necesidad de una buena deposición a fin de que los milagros puedan dar origen a la fe. La actitud de Cristo les hiere en su orgullo hasta el punto de quererlo matar. Todo el suceso es una buena lección para entender de verdad a Jesús: sólo se le entiende en la humildad y en la seria resolución de ponerse en sus manos.
