Reflexión sobre el Evangelio
En la tarde del día de la Resurrección el Señor transmite a los Apóstoles la misión propia que había recibido del Padre, otorgándoles poderes semejantes a los suyos. Días más tarde confiere a Pedro el primado que antes le había prometido. A Pedro le ha sucedido el Romano Pontífice, y a los Apóstoles, los Obispos. Por eso: «Los Obispos, cuando enseñan en comunión con el Romano Pontífice, deben ser respetados por todos como testigos de la verdad divina y católica (…). Este obsequio religioso de la voluntad y del entendimiento ha de prestarse de modo especial al Magisterio auténtico del Romano Pontífice, aun cuando no hable ‘ex cathedra’» (Concilio Vaticano II, Const. Dogm. Lumen gentium, n.25).
