Viernes 3 de octubre

Reflexión sobre el Evangelio

En la tarde del día de la Resurrección el Señor transmite a los Apóstoles la misión propia que había recibido del Padre, otorgándoles poderes semejantes a los suyos. Días más tarde confiere a Pedro el primado que antes le había prometido. A Pedro le ha sucedido el Romano Pontífice, y a los Apóstoles, los Obispos. Por eso: «Los Obispos, cuando enseñan en comunión con el Romano Pontífice, deben ser respetados por todos como testigos de la verdad divina y católica (…). Este obsequio religioso de la voluntad y del entendimiento ha de prestarse de modo especial al Magisterio auténtico del Romano Pontífice, aun cuando no hable ‘ex cathedra’» (Concilio Vaticano II, Const. Dogm. Lumen gentium, n.25).

Deja un comentario