Reflexión sobre el Evangelio
Ante la invitación de Dios a la fe y a la personal correspondencia, hay que sacrificar cualquier interés humano, por lícito y noble que se nos presente, si impide la respuesta cabal al llamamiento divino. Esas aparentes razones o deberes son, de hecho, meras excusas. Por eso aparece clara la culpabilidad de los invitados desagradecidos.
