Reflexión sobre el Evangelio
«Cualquiera de ustedes que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser mi discípulo»: Para que el alma pueda llenarse de Dios ha de vaciarse primero de todo aquello que pudiera impedírselo: «La doctrina que el Hijo de Dios vino a enseñar fue el menosprecio de todas las cosas, para poder recibir el precio del espíritu de Dios en sí. Porque, en tanto que de ellas no se deshiciere el alma, no tiene capacidad para recibir el espíritu de Dios en pura transformación» (San Juan de la Cruz, Subida al Monte Carmelo, lib. 1, cap. 5).
