Lunes 10 de noviembre

Reflexión sobre el Evangelio

El Señor condena el escándalo, es decir, «cualquier dicho, hecho u omisión que da ocasión a otros de cometer pecados» (San Pío X, Catecismo Mayor, n. 417). La enseñanza de Jesucristo es doble. Por una parte, predice que de hecho existirán escándalos. Y por otra, enseña la gravedad del escándalo por el castigo que se le aplica. La razón de esa gravedad estriba en que el escándalo «tiende a destruir la obra más grande de Dios, que es la Redención, con la pérdida de las almas; da la muerte al alma del prójimo quitándole la vida de la gracia, que es más preciosa que la vida del cuerpo, y es causa de una multitud de pecados. Por eso amenaza Dios a los escandalosos con los más severos castigos» (San Pio X, Catecismo Mayor, n. 418).

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