Sábado 29 de noviembre

34ª Semana del tiempo ordinario

Antífona de Entrada

Bendita eres tú, Virgen María, por obra de Dios Altísimo, sobre todas las mujeres de la tierra; porque tu nombre ha sido engrandecido para que la boca de los hombres no cese de alabarte.

Oración Colecta

Al celebrar la gloriosa memoria de la santísima Virgen María, te pedimos, Señor, por su intercesión, que también nosotros logremos recibir la plenitud de tu gracia.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.

Primera Lectura

El poder real y el dominio serán entregados al pueblo de los elegidos del Altísimo
Lectura del libro del profeta Daniel 7,15-27

Yo, Daniel, me sentía angustiado y perturbado por las visiones que había tenido. Me acerqué a uno de los presentes y le pedí que me explicara todo aquello, y él me explicó el sentido de las visiones: «Esas cuatro bestias gigantescas significan cuatro reyes que surgirán en el mundo. Pero los elegidos del Altísimo recibirán el reino y lo poseerán por los siglos de los siglos».

Quise saber lo que significaba la cuarta bestia, diferente de las demás, la bestia terrible, con dientes de hierro y garras de bronce, que devoraba y trituraba, y pisoteaba lo sobrante con las patas; lo que significaban los diez cuernos de su cabeza y el otro cuerno que, al salir, eliminaba a otros tres, que tenía ojos y una boca que profería blasfemias y era más grande que las otras.

Mientras yo seguía mirando, aquel cuerno luchó contra los elegidos y los derrotó, hasta que llegó el anciano para hacer justicia a los elegidos del Altísimo, para que éstos poseyeran el reino.

Después me dijo: «La cuarta bestia es el cuarto rey que habrá en la tierra, mayor que todos los reyes, que devorará, trillará y triturará toda la tierra. Sus diez cuernos son diez reyes que habrá en aquel reino, y después vendrá otro, más poderoso que ellos, el cual destronará a tres reyes; blasfemará contra el Altísimo e intentará aniquilar a los elegidos y cambiar las fiestas y la ley. Los elegidos estarán bajo su poder durante tres años y medio. Pero al celebrarse el juicio, se le quitará el poder y será destruido y aniquilado totalmente. El poder real y el dominio sobre todos los reinos bajo el cielo serán entregados a los pueblos elegidos del Altísimo. Será un reino eterno, al que temerán y se someterán todos los soberanos».
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Daniel 3
Bendito seas por siempre, Señor.

Hombres todos, bendigan al Señor. Pueblo de Israel, bendice al Señor.
Bendito seas por siempre, Señor.

Sacerdotes del Señor, bendigan al Señor. Siervos del Señor, bendigan al Señor.
Bendito seas por siempre, Señor.

Almas y espíritus justos, bendigan al Señor. Santos y humildes de corazón, bendigan al Señor.
Bendito seas por siempre, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Velen y oren, para que puedan presentarse sin temor ante el Hijo del hombre.
Aleluya.

Evangelio

Velen para que puedan escapar de todo lo que ha de suceder
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 21, 34-36

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Estén alerta, para que los vicios, la embriaguez y las preocupaciones de esta vida no entorpezcan su mente y aquel día los sorprenda desprevenidos; porque caerá de repente como una trampa sobre todos los habitantes de la tierra.

Velen, pues, y hagan oración continuamente, para que puedan escapar de todo lo que ha de suceder y comparecer seguros ante el Hijo del hombre».
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Oración sobre las Ofrendas

Te ofrecemos, Señor, este sacrificio de alabanza, al conmemorar llenos de gozo a la Madre de tu Hijo; y te pedimos que por este santo intercambio se aumenten en nosotros los frutos de la redención eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Antífona de la Comunión

Me llamarán dichosa todas las generaciones, porque Dios puso sus ojos en la humildad de su esclava.

Oración después de la Comunión

Alimentados por este celestial banquete, te rogamos humildemente, Señor, que nos concedas confesar de palabra y con las obras de tu Hijo, nacido de la Virgen Madre.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.