Reflexión sobre el Evangelio
«Jesús tomó los siete panes y los pescados»: Es de notar que en las dos multiplicaciones milagrosas Jesús da el alimento en abundancia, al mismo tiempo que no se desperdicia nada de lo sobrante. Los milagros de Jesús, además del hecho real y concreto que cada uno de ellos es, tienen también un carácter de signo de realidades sobrenaturales. En este caso la abundancia del alimento corporal significa al mismo tiempo la abundancia de los dones divinos en el plano de la gracia y de la gloria, en el orden de los medios y en el orden del premio eterno: Dios da a los hombres más gracias de las que estrictamente necesitarían. Esta es la experiencia cristiana desde los primeros tiempos. San Pablo nos dice que donde «llegó al colmo el pecado sobreabundó la gracia» (Rm 5,20); por eso dirá a los efesios que la gracia fue derramada «sobre nosotros de modo sobreabundante con toda sabiduría» (Ef 1,8); y a su discípulo Timoteo: «Sobreabundó en mí la gracia de nuestro Señor junto con la fe y la caridad, en Cristo Jesús» (1 Tm 1,14).
