Martes 20 de enero

2ª Semana del Tiempo Ordinario

Antífona de Entrada

Acuérdate, señor, de tu alianza, no olvides por más tiempo la suerte de tus pobres. Levántate, Señor, a defender tu causa, no olvides las voces de los que te buscan.

Oración Colecta

Dios todopoderoso y eterno, a quien, enseñados por el Espíritu Santo, invocamos con el nombre de Padre, intensifica en nuestros corazones el espíritu de hijos adoptivos tuyos, para que merezcamos entrar en posesión de la herencia que nos tienes prometida.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.

Primera Lectura

David fue ungido rey de Israel y el espíritu del Señor estuvo con él
Lectura del primer libro de Samuel 16, 1-13

En aquellos días dijo el Señor a Samuel: «¿Hasta cuándo vas a estar triste por Saúl? Yo ya lo rechacé y él no reinará más sobre Israel. Ve a la casa de Jesé, en Belén, porque de entre sus hijos me he escogido un rey. Llena, pues, tu cuerno de aceite para ungirlo, y vete». Pero Samuel le replicó: «¿Cómo voy a ir? Si Saúl se entera me matará». El Señor le respondió: «Lleva contigo una ternera y di: “Vengo a ofrecer un sacrificio al Señor”. Invita a Jesé al sacrificio y yo te indicaré lo que has de hacer; luego ungirás al que yo te señale».

Hizo Samuel lo que el Señor le había dicho. Cuando llegó a Belén, los ancianos de la ciudad salieron a recibirlo temerosos y le preguntaron: «¿Vienes en son de paz?» Les respondió: «Sí, vengo a ofrecer un sacrificio al Señor. Purifíquense y vengan conmigo al sacrificio».

Luego purificó a Jesé y a sus hijos y los invitó también al sacrificio. Cuando se presentaron ante él, al ver a Eliab, el hijo mayor de Jesé, Samuel pensó: «Éste es, sin duda, el que voy a ungir como rey».

Pero el Señor le dijo: «No te dejes impresionar por su aspecto ni por su gran estatura, pues yo le he descartado. Porque yo no juzgo como juzga el hombre. El hombre se fija en las apariencias, pero el Señor se fija en los corazones».

Entonces Jesé llamó a su hijo Abinadab y le hizo pasar ante Samuel, el cual dijo: «Tampoco a éste lo ha escogido el Señor». Jesé hizo pasar a Samá, pero Samuel dijo: «A éste tampoco lo ha elegido el Señor». Así fueron pasando ante Samuel siete de los hijos de Jesé, pero Samuel dijo: «Ninguno de éstos es el elegido del Señor». Luego le preguntó a Jesé: «¿Son estos todos tus hijos?» Jesé respondió: «Falta el más pequeño, que está cuidando el rebaño».

Samuel le dijo: «Hazlo venir, que no nos sentaremos a comer hasta que llegue». Y Jesé lo mandó llamar; el muchacho era rubio, de ojos vivos y buena presencia. Entonces el Señor dijo a Samuel: «Levántate y úngelo, porque éste es». Tomó Samuel el cuerno con el aceite y lo ungió delante de sus hermanos. A partir de aquel momento, el espíritu del Señor estuvo con David. Samuel se despidió y regresó a Ramá.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Del salmo 88
He encontrado a David, mi servidor.

Hablando tú en visión a tus amigos, un día les dijiste: «He escogido a un valiente de mi pueblo y he ceñido a sus sienes la corona.
He encontrado a David, mi servidor.

He encontrado a David, mi servidor, y con mi aceite santo lo he ungido. Lo sostendrá mi mano y le dará mi brazo fortaleza.
He encontrado a David, mi servidor.

Él me podrá decir: “Tú eres mi padre, el Dios que me protege y que me salva”. Y yo lo nombraré mi primogénito sobre todos los reyes de la tierra».
He encontrado a David, mi servidor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Que el Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine nuestras, mentes, para que comprendamos cuál es la esperanza que nos da su llamamiento.
Aleluya.

Evangelio

El sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 2, 23-28

Un sábado atravesaba Jesús un sembrado; mientras andaban, los discípulos iban arrancando espigas. Los fariseos le preguntaron: «¿Por qué hacen tus discípulos algo que no está permitido hacer en sábado?». Él les respondió: «¿No han leído nunca lo que hizo David una vez que tuvo necesidad y padecían hambre él y sus compañeros? Entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes sagrados, que sólo podían comer los sacerdotes, y les dio también a sus compañeros». Luego añadió Jesús: «El sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado. Y el Hijo del hombre también es dueño del sábado».
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Oración sobre las Ofrendas

Recibe benignamente, Señor, los dones de tu Iglesia, y, al concederle en tu misericordia que te los pueda ofrecer, haces al mismo tiempo que se conviertan en sacramento de nuestra salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Antífona de la Comunión

El pan que yo les daré es mi carne para la vida del mundo, dice el Señor.

Oración después de la Comunión

La comunión de tus sacramentos que hemos recibid, Señor, nos salven y nos confirmen en la luz de tu verdad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.