Miércoles 28 de enero

Reflexión sobre el Evangelio

El Reino de Dios es un misterio. Si los Doce lo han conocido, ha sido por pura concesión de la misericordia de Dios, no porque ellos por sus propias luces hayan comprendido mejor que los demás las parábolas.

Fue muy conveniente que Jesucristo hablara en parábolas: en primer lugar por ser éste un modo de conocer del entendimiento humano, que llega a lo inteligible a través de lo sensible, ya que todos nuestros conocimientos empiezan en los sentidos, pero no se quedan ahí, sino que nuestra inteligencia va más allá. Por eso, en la predicación de Cristo se ponen con frecuencia las cosas espirituales envueltas en imágenes de cosas corpóreas. En segundo lugar, la Sagrada Escritura se escribió para todos, según aquellas palabras de San Pablo: «Soy deudor a sabios y a ignorantes» (Rm 1,14); por eso fue conveniente que Nuestro Señor propusiese las realidades más profundas a través de comparaciones, para que siquiera de este modo las pudieran alcanzar todos los hombres con más facilidad.

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