Sábado 31 de enero

Reflexión sobre el Evangelio

«Así como la nave que atraviesa el mar –comenta San Alfonso María de Ligorio– está sujeta a miles de peligros, corsarios, incendios, escollos y tempestades, así el hombre se ve asaltado en la vida por miles de peligros, de tentaciones, ocasiones de pecar, escándalos o malos consejos de los hombres, respetos humanos y, sobre todo, por las pasiones desordenadas (…). No por esto hay que desconfiar ni desesperarse. Más bien (…), cuando uno se ve asaltado por una pasión incontrolada (…), ponga los medios humanos para evitar las ocasiones (…) apóyese en Dios (…): en lo bravío de la tormenta no deja del marino de mirar a la estrella cuya claridad le habrá de guiar al puerto. De igual modo en esta vida hemos siempre de tener fijos los ojos en Dios, que es quien tan sólo nos ha de liberar de tales peligros» (Sermón n. 39; para el Dom. IV después de la Epifanía).