Sábado 31 de enero

Memoria de san Juan Bosco, presbítero

Antífona de Entrada

Que tus sacerdotes, Señor, se revistan de justicia, y tus fieles se llenen de júbilo.

Oración Colecta

Dios nuestro, que suscitaste a san Juan Bosco, presbítero, como padre y maestro de la juventud, concédenos que, inflamados por un amor semejante al suyo, busquemos el bien de las almas y vivamos entregados a tu servicio.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.

Primera Lectura

He pecado contra el Señor
Lectura del segundo libro de Samuel 12, 1-7. 10-17

En aquellos días, el Señor envió al profeta Natán para que fuera a ver al rey David. Llegó Natán ante el rey y le dijo: «Había dos hombres en una ciudad: uno rico y el otro pobre. El rico tenía muchas ovejas y numerosas reses; el pobre sólo tenía una oveja que había comprado; la había criado personalmente y ella había crecido con él y con sus hijos; comía de su pan, bebía de su vaso y dormía junto a él: la quería como a una hija. Un día llegó un visitante a la casa del rico, y éste no quiso sacrificar ninguna de sus ovejas ni de sus reses, sino que se apoderó de la oveja del pobre para agasajar a su huésped».

Al escuchar esto David se puso furioso y le dijo a Natán: «Verdad de Dios que el hombre que ha hecho eso debe morir. Puesto que no respetó la oveja del pobre, tendrá que pagar cuatro veces su valor».

Entonces Natán le dijo a David: «¡Ese hombre eres tú! Por eso te manda decir el Señor: “La muerte por espada no se apartará nunca de tu casa, pues me has despreciado al apoderarte de la esposa de Urías el hitita, y hacerla tu mujer. Yo haré que de tu propia casa surja tu desgracia; te arrebataré a tus mujeres ante tus ojos y se las daré a otro, que dormirá con ellas en pleno día. Tú lo hiciste a escondidas, pero yo cumpliré esto que te digo ante todo Israel, y a la luz del sol”». David dijo a Natán: «He pecado contra el Señor». Natán le respondió: «El Señor te perdona tu pecado, no morirás. Pero por haber despreciado al Señor con lo que has hecho, el hijo que te ha nacido morirá». Y Natán se fue a su casa. El Señor mandó una grave enfermedad al niño que la esposa de Urías le había dado a David. David pidió a Dios por el niño, hizo ayunos rigurosos y de noche se acostaba en el suelo. Sus servidores de confianza le rogaban que se levantara, pero él no les hacía caso y no quería comer con ellos.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Del salmo 50
Misericordia, Señor, hemos pecado.

Por tu inmensa compasión y misericordia, Señor, apiádate de mí y olvida mis ofensas. Lávame bien de todos mis delitos y purifícame de mis pecados.
Misericordia, Señor, hemos pecado.

Puesto que reconozco mis culpas, tengo siempre presentes mis pecados. Contra ti solo pequé, Señor haciendo lo que a tus ojos era malo.
Misericordia, Señor, hemos pecado.

Crea en mí, Señor un corazón puro, un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos. No me arrojes, Señor, lejos de ti, ni retires de mí tu santo espíritu.
Misericordia, Señor, hemos pecado.

Devuélveme tu salvación, que regocija, mantén en mí un alma generosa. Señor abre mis labios y cantará mi boca tu alabanza.
Misericordia, Señor, hemos pecado.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él tenga vida eterna.
Aleluya.

Evangelio

¿Quién es este, a quien hasta el viento y el agua obedecen?
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 4, 35-41

Un día, al atardecer, Jesús dijo a sus discípulos: «Vamos a la otra orilla del lago». Entonces los discípulos despidieron a la gente y condujeron a Jesús en la misma barca en que estaba; iban además otras barcas. De pronto se desató un fuerte viento y las olas se estrellaban contra la barca y la iban llenando de agua. Jesús dormía en la popa, reclinado sobre un cojín. Lo despertaron y le dijeron: «Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?» Él se despertó, reprendió al viento y dijo al lago: «¡Cállate, enmudece!» Entonces el viento cesó y sobrevino una gran calma. Jesús les dijo: «¿Por qué tenían tanto miedo? ¿Aún no tienen fe?»

Todos se quedaron espantados y se decían unos a otros: «¿Quién es éste, a quien hasta el viento y el agua obedecen?»
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Oración sobre las Ofrendas

Contempla, Señor, los dones que presentamos en tu altar en la conmemoración de san Juan Bosco, y del mismo modo que, por estos santos misterios, le diste a él la gloria, concédenos también a nosotros tu perdón.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Antífona de la Comunión

Éste es el siervo fiel y prudente, a quien el Señor puso al frente de tu familia, para darles a su tiempo la ración de trigo.

Oración después de la Comunión

Que esta mesa celestial, Dios todopoderoso, robustezca y aumente el vigor espiritual de todos los que celebramos la festividad de san Juan Bosco, para que conservemos íntegro el don de la fe y caminemos por el sendero de la salvación que él nos señaló.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.