Domingo 31 de mayo

Reflexión sobre el Evangelio

Con estas palabras cargadas de sentido se sintetiza cómo la Muerte de Jesucristo es la manifestación suprema del amor de Dios por los hombres. «Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito por su salvación. Toda nuestra religión es una revelación de la bondad, de la misericordia, del amor de Dios por nosotros. ‘Dios es amor’ (cfr 1 Jn 4,16), es decir, amor que se difunde y se prodiga; y todo se resume en esta gran verdad que todo lo explica y todo lo ilumina. Es necesario ver la Historia de Jesús bajo esta luz. ‘Él me ha amado’ escribe San Pablo, y cada uno de nosotros puede y debe repetírselo a sí mismo: Él me ha amado, y se ha sacrificado por mí (Gal 2,20)» (Pablo VI, Homilía del Corpus Christi, 13-VI-1974).