Domingo 6 de Octubre

Reflexión sobre el Evangelio

«Auméntanos la fe»: Cada uno de nosotros debería repetir esta súplica de los apóstoles como una jaculatoria. «’Omnia possibilia sunt credenti’ –Todo es posible para el que cree. –Son palabras de Cristo. –¿Qué haces, que no le dices con los apóstoles: ‘adauge nobis fidem!’– ¡auméntame la fe!?» (S. Josemaría Escrivá, Camino, n. 588).

Meditación

Aumentar la fe

I. La Primera lectura de la Misa nos dice que aún cuando en ocasiones pueda parecer que triunfa el mal y quienes los llevan a cabo (Ha 1, 2-3; 2, 2-4), como si Dios no existiera, llegará a cada uno su día y se verá que realmente ha salido vencedor quien ha mantenido su fidelidad al Señor. Vivir de fe es entender que Dios nos llama cada día y en cada momento a vivir, con alegría, como hijos suyos, siendo pacientes y teniendo puesta la esperanza en Él. En la Segunda lectura, san Pablo exhorta a Timoteo a mantenerse firme en la vocación recibida y a llenarse de fortaleza para proclamar la verdad sin respetos humanos. La fortaleza ante un ambiente adverso y la capacidad de dar a conocer, en cualquier lugar, la doctrina de Cristo, viene determinada por la vida interior, por el amor a Dios, que hemos de avivar continuamente, como una hoguera, con una fe cada vez más encendida. ¡Qué fuerza comunica la fe! Con ella superamos los obstáculos de un ambiente adverso y las dificultades personales, difíciles de vencer.

II. Existe una fe muerta, que no salva: es la fe sin obras (St 2, 17), que se muestra en actos llevados a cabo a espaldas de la fe, en una falta de coherencia entre lo que se cree y lo que se vive. Existe también una “fe dormida” que todos conocemos con el nombre de tibieza. Necesitamos nosotros una fe firme, que nos lleve a alcanzar metas que están por encima de nuestras fuerzas y que allane los obstáculos y supere los imposibles en nuestra tarea apostólica. Los Apóstoles, conscientes de su fe escasa, le piden a Jesús: ‘Auméntanos la fe’ (Lucas 17, 5). Así lo hizo el Señor. También nosotros nos encontramos en ocasiones faltos de fe, como los Apóstoles, ante dificultades, carencia de medios… Tenemos necesidad de más fe. Y ésta se aumenta con la petición asidua, con la correspondencia a las gracias que recibimos, con actos de fe. III. ¡Señor, auméntanos la fe! ¡Qué estupenda jaculatoria para que se la repitamos al Señor muchas veces! Y junto a la petición, el ejercicio frecuente de esta virtud. Muchos actos de fe henos de hacer en la oración y en la Santa Misa: diremos como Santo Tomás en el momento de la Consagración: “Tú eres el rey de la gloria, Tú eres el Hijo sempiterno del Padre” O diremos como el san Josemaría Escrivá: “Te adoro con devoción, Dios escondido”. No nos sorprendamos por nuestra debilidad. Imitemos a los Apóstoles. Pidamos la fe con humildad. Nuestra Madre Santa María será siempre nuestro punto de apoyo donde encontrará firmeza la fe y la esperanza, especialmente cuando nos sintamos más débiles y necesitados.

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