Lunes 14 de Octubre

Reflexión sobre el Evangelio

Jonás fue el profeta que llevó a los ninivitas a la penitencia porque en su predicación y en sus obras, en su persona y en su vida, reconocieron la señal de un enviado de Dios. Nínive era una ciudad de Mesopotamia (hoy Iraq), a la que fue enviado el profeta Jonás. Los ninivitas hicieron penitencia porque reconocieron al profeta y aceptaron su mensaje. Jerusalén, en cambio, no quiere reconocer a Jesús, de quien Jonás era solamente figura.

Meditación

El pan de cada día

I. Pedir a nuestro Padre Dios solamente el pan para hoy significa que tendremos un nuevo encuentro con Él el día de mañana. El Señor nos enseñó a pedir en la palabra pan todo lo que necesitamos como hijos de Dios: fe, esperanza, amor, alegría, alimento para el cuerpo y para el alma, fe para ver en los acontecimientos diarios la voluntad de Dios, corazón grande para comprender y ayudar a todos… El pan es el símbolo de todos los dones que nos llegan de Dios (Ex 23, 25; Isaías 33, 16). Pedimos aquí, en primer lugar, el sustento que cubra las necesidades de esta vida; después, lo necesario para la salud del alma (Catecismo Romano). Al pedir el pan de cada día estamos aceptando que toda nuestra existencia depende de Dios, al mismo tiempo que Él quiere que nunca olvidemos a nuestros hermanos, especialmente los más necesitados.

II. Los Santos Padres no sólo han interpretado este pan como el alimento material; también han visto significado en él el Pan de vida, la Sagrada Eucaristía, sin la cual no puede subsistir la vida sobrenatural del alma. La Comunión es el sagrado banquete en el que Cristo se da a Sí mismo, es el pan con el que alimenta a los cristianos en su camino hacia el Cielo. No está Cristo en nosotros después de comulgar como un amigo está en un amigo; está “verdadera, real y substancialmente presente” en nosotros. Existe en la Sagrada Comunión una unión tan estrecha con Jesús mismo que sobrepuja todo entendimiento. Cuando digamos: Padre, danos hoy nuestro pan de cada día, esto nos animará a comulgar con más frecuencia, y aun diariamente. III. Oculto bajo los accidentes de pan, Jesús espera que nos acerquemos con frecuencia a recibirle. Son muchos los ausentes, y Jesús nos espera. Cuando le recibamos, podremos decirle, con una oración que hoy se reza en la Liturgia de las Horas: Quédate con nosotros, Señor Jesús, porque atardece; se nuestro compañero de camino, levanta nuestros corazones, reanima nuestra débil esperanza (Oración de las II Vísperas). Hacemos el propósito de preparar mejor la Comunión, con más fe y con más amor. Y diremos con más devoción: Padre, “danos hoy nuestro pan de cada día; lo que necesitamos para subsistir en el cuerpo y en el alma”. Mañana nos sentiremos dichosos de pedir de nuevo a Dios que se acuerde de nuestra pobreza. Y Él nos dirá: ‘Omnia mea tua sunt’ (Lc 15, 31), todas mis cosas son tuyas.

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