Miércoles 23 de Octubre

Reflexión sobre el Evangelio

Después de la exhortación del Señor a la vigilancia, Pedro hace una pregunta cuya respuesta es clave para comprender esta parábola. Por un lado, insiste Jesús en lo imprevisible del momento en que Dios nos ha de llamar para rendir cuentas; por otro, precisamente como respuesta a la pregunta de Pedro, Nuestro Señor explica que su enseñanza se dirige a todos. Dios pedirá cuenta a cada uno según sus circunstancias personales: todo hombre tiene en esta vida una misión que cumplir; de ella habremos de responder ante el tribunal divino y seremos juzgados según los frutos, abundantes o escasos, que hayamos dado.

Meditación

Muchos le pedirán

I. Dios nos llamará para rendir cuentas de la herencia que dejó en nuestras manos y nos pedirá a cada uno de nosotros según nuestras circunstancias personales y las gracias que recibimos: puede venir en la segunda vigilia o en la tercera…, a cualquier hora. Todos tenemos que cumplir una misión en la tierra, y de ella hemos de responder al final de la vida. Seremos juzgados según los frutos, abundantes o escasos, que hayamos dado. A todo el que se le ha dado mucho, mucho se le exigirá, y al que le encomendaron mucho, mucho le pedirán (Lc 12, 39-48). ¿Cuánto nos ha encomendado a nosotros? ¿Cuántos dependen de mi correspondencia personal a las gracias que recibo?

II. La responsabilidad en una persona que vive en medio del mundo ha de referirse, en buena parte, a su trabajo profesional, con el que da gloria a Dios, sirve a la sociedad, consigue los medios necesarios para el sostenimiento de la propia familia y realiza su apostolado personal. El sentido de responsabilidad llevará al cristiano a labrarse un prestigio profesional sólido, y a cumplir y a excederse en su tarea. “Cuando tu voluntad flaquee ante el trabajo habitual, recuerda una vez más aquella consideración: ‘el estudio, el trabajo, es parte esencial de mi camino. El descrédito profesional –consecuencia de la pereza– anularía o haría imposible mi labor de cristiano. Necesito –así lo quiere Dios– el ascendiente del prestigio profesional, para atraer y ayudar a los demás’. No lo dudes: si abandonas tu tarea, ¡te apartas –y apartas a otros– de los planes divinos!” (S. Josemaría Escrivá, Surco).

III. Pensemos en las incontables gracias que hemos recibido a lo largo de la vida, larga o corta, aquellas que conocimos palpablemente, y esa infinidad de dones que nos son desconocidos. Todos aquellos bienes que habíamos de repartir a manos llenas: alegría, cordialidad, ayudas pequeñas pero constantes… Meditemos hoy si nuestra vida es una verdadera respuesta a lo que Dios espera de nosotros. El Señor ha llegado ya y está todos los días entre nosotros. Es a Él a quien en cada jornada dirigimos nuestra mirada para comportarnos como hijos delante de su Padre, como el amigo delante del Amigo. Y cuando al final de nuestra vida demos cuenta de la administración que hicimos de nuestros bienes, se llenará nuestro corazón de alegría al ver esa fila interminable de personas que, con la gracia o nuestro empeño se acercaron a Él. A Nuestra Señora le pedimos que nos ayude a cumplir todo lo que su Hijo nos ha encomendado.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s