Domingo 3 de Noviembre

Reflexión sobre el Evangelio

Zaqueo pertenecía al oficio de los publicanos, odiados por el pueblo porque eran colaboradores del poder romano y abusaban frecuentemente en la recaudación de impuestos. El Evangelio deja entrever que también este hombre podía tener de qué arrepentirse. Lo cierto es que quiere ver al Señor, sin duda movido por la gracia, y para ello pone todos los medios a su alcance. Jesús premia este esfuerzo de Zaqueo, hospedándose en su casa. Conmovido por la presencia del Señor inicia una vida nueva.

Meditación

Zaqueo

I. El Evangelio (Lc 19, 1-10) nos habla del encuentro misericordioso de Jesús con Zaqueo, cuando pasa por Jericó, camino de Jerusalén. La multitud debía llenar la calle por donde pasaba el Maestro. Allí se encuentra también un hombre, que era jefe de publicanos y rico, bien conocido por su cargo de recaudador de impuestos. San Lucas nos dice que Zaqueo intentaba ver a Jesús para conocerle, pero no podía a causa de la muchedumbre, porque era pequeño de estatura. Pero su deseo es eficaz; deja a un lado los respetos humanos, lo que pudieran pensar las gentes al ver a un hombre de su posición, y adelantándose corriendo, subió a un sicomoro, para verle, porque iba a pasar por allí. Es ésta una formidable lección para nosotros que, por encima de todo, queremos ver a Jesús y permanecer con Él. Hoy nos preguntamos: ¿Hago todo lo posible para ver al Señor? ¿Evito el encuentro con Él? ¿Prefiero no verlo o que Él no me vea? Si ya lo vislumbro, ¿prefiero verlo de lejos para no tener que aceptar toda la verdad que hay en Él?

II. Cualquier esfuerzo que hagamos por acercarnos a Cristo es largamente recompensado. Cuando Jesús llegó al lugar, levantando la vista, le dijo: Zaqueo, baja pronto, porque conviene que hoy me hospede en tu casa. ¡Qué inmensa alegría! Bajó rápido y lo recibió con gozo. Experimentó la alegría singular de todo aquel que se encuentra con Jesús. Zaqueo tiene al Maestro y con Él lo tiene todo. No se asusta de que la acogida de Cristo en su casa pudiese amenazar su carrera profesional. Muestra con sinceridad su nueva vida; se convierte en un discípulo más del Maestro: Señor, doy la mitad de mis bienes a los pobres y si he defraudado a alguien le devolveré cuatro veces más. El encuentro con Cristo nos hace generosos con los demás. Zaqueo comprendió que para seguir a Cristo es necesario el más completo desprendimiento. “Señor, pues quisiste ser pobre, dame amor a la Santa Pobreza. Mi propósito, con tu ayuda, es vivir y morir pobre, aunque tenga millones a mi disposición” (S. Josemaría Escrivá, Forja). III. Esta parábola es una llamada a la esperanza: si alguna vez nos sintiéramos a oscuras y perdidos, hemos de saber que Jesús, el Buen Pastor, saldrá enseguida a buscarnos. No dudemos nunca del Señor, de su bondad y amor por los hombres, por muy extremas o difíciles que sean las condiciones en que nos encontremos nosotros o aquellas personas que queremos llevar hasta Jesús. Su misericordia es siempre más grande que nuestros pobres juicios.

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