Lunes 11 de Noviembre

Reflexión sobre el Evangelio

El Señor condena el escándalo, es decir, «cualquier dicho, hecho u omisión que da ocasión a otros de cometer pecados» (San Pío X, Catecismo Mayor, n. 417). La enseñanza de Jesucristo es doble. Por una parte, predice que de hecho existirán escándalos. Y por otra, enseña la gravedad del escándalo por el castigo que se le aplica. La razón de esa gravedad estriba en que el escándalo «tiende a destruir la obra más grande de Dios, que es la Redención, con la pérdida de las almas; da la muerte al alma del prójimo quitándole la vida de la gracia, que es más preciosa que la vida del cuerpo, y es causa de una multitud de pecados. Por eso amenaza Dios a los escandalosos con los más severos castigos» (San Pio X, Catecismo Mayor, n. 418).

Meditación

Responsables en la caridad

I. Una de las advertencias más duras de Jesús, dirigida en primer lugar a los que le siguen de cerca es ‘andaos con cuidado’, después de decir: ‘Más le valdría ajustarle una piedra de molino y arrojarle al mar, que escandalizar a uno de los pequeños’ (Lc 17, 1-3). Escandalizar es hacer caer, ser causa de tropiezo, de ruina espiritual para otro, con la palabra, con los hechos, con las omisiones (Santo Tomás, Suma Teológica). Los pequeños son para Jesús los niños, en cuya inocencia se refleja de una manera particular la imagen de Dios. Pero también son esa inmensa muchedumbre, sencilla, menos ilustrada y, por lo mismo, con más facilidad de tropezar en la piedra interpuesta en su camino. Pocos pecados tan grandes como éste, pues “tiende a destruir la mayor obra de Dios, que es la redención, con la pérdida de las almas: da muerte al alma del prójimo quitándole la vida de la gracia, que es más preciosa que la vida del cuerpo, y es causa de una multitud de pecados” (Catecismo de San Pio X, 418).

II. Es mucho lo que influimos en los demás, y esta influencia ha de ser siempre para bien de quien nos ve o nos escucha, en cualquier situación en la que nos encontremos. Sin embargo, también existe el falso escándalo: en no pocas ocasiones la conducta del cristiano que quiere vivir con integridad la doctrina del Señor, chocará con un ambiente pagano y frívolo y “escandalizará” a muchos. No nos debe extrañar si con nuestra vida en alguna ocasión sucede algo parecido, y hemos de evitar aquellas ocasiones de suyo indiferentes que pueden producir extrañeza o escándalo en personas por su falta de formación. Especialmente es grave el escándalo que proviene de aquellas personas que gozan de algún género de autoridad o fama, y el que es ocasión de escándalo tiene obligación, por caridad, y a veces por justicia, de reparar el daño espiritual y aun material ocasionado. La caridad, movida por la contrición, encuentra siempre el modo adecuado de reparar el daño. III. De nosotros deberían decir, quienes nos han tratado, lo que sus contemporáneos afirmaron del Señor: pasó haciendo el bien (Hch 10, 38). Si lo propio del escándalo es romper y destruir, la caridad compone, une y cura, y ella misma facilita el camino que conduce al Señor. El buen ejemplo será siempre una forma eficaz de contrarrestar el mal que, quizá sin darse cuenta, muchos van sembrando por la vida. Nuestra Madre nos ayudará a darlo si nos mantenemos cerca de Ella.

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