Martes 19 de Noviembre

Reflexión sobre el Evangelio

Zaqueo, en su inmediata correspondencia a la gracia, manifiesta el propósito de devolver el cuádruplo de lo que injustamente podría haber defraudado. Con esto va más allá de lo que ordena la Ley de Moisés. Además, en una generosa compensación, entrega a los pobres la mitad de sus bienes. «Aprendan los ricos –comenta san Ambrosio– que no consiste el mal en tener riquezas, sino en no usar bien de ellas; porque así como las riquezas son un impedimento para los malos, son también un medio de virtud para los buenos» (Expositio Evangelii sec. Lucam, in loc.).

Meditación

La fidelidad de Eleazar

I. San Juan Crisóstomo llama a Eleazar “protomártir del Antiguo Testamento” (Homilía 3, sobre los santos Macabeos). Él era un anciano de noventa años, que se mantuvo fiel a la fe de sus padres, y prefirió la muerte a participar en los sacrificios a los dioses griegos que habían remplazado a Yahvé por orden del rey Antíoco. Amigos le propusieron simular que había comido las carnes sacrificadas, según el mandato del rey, pero él se rehusó. No quiso dar un mal ejemplo a los jóvenes que pudiesen decir que se había paganizado con los extranjeros. La actitud gozosa de Eleazar en el martirio, nos recuerda a nosotros la fidelidad sin fisuras a los compromisos contraídos en la fe, para ser leales al Señor, también cuando quizá nos sería más fácil ceder por la presión de un ambiente pagano hostil, o por una circunstancia difícil que hayamos de atravesar. El Señor nos hace experimentar el mismo gozo cuando, por ser fieles a la fe y a la propia vocación, padecemos alguna contrariedad.

II. Sé fiel hasta la muerte –se lee en el Apocalipsis–, y Yo te daré la corona de gloria (Ap 2,10). Esto nos pide el Señor a los cristianos de todas las épocas. Con esta promesa, ¿nos vamos a avergonzar de nuestra fe, que tiene consecuencias prácticas en el modo de actuar, en la que muchos quizá o estén de acuerdo? “Es fácil, –recordaba el Papa Juan Pablo II– ser coherente por un día o algunos días. Difícil e importante es ser coherente toda la vida. Es fácil ser coherente a la hora de la exaltación, difícil serlo a la hora de la tribulación. Y solo puede llamarse fidelidad una coherencia que dura toda la vida”. A veces los obstáculos no llegan de fuera, sino de dentro. La soberbia es el principal obstáculo de la fidelidad, y junto a ella la tibieza que hace perder la alegría en el seguimiento de Cristo, e idealiza otras posibilidades que están al margen del camino que nos lleva a Dios. Otras veces surge la oscuridad en el alma por la falta de lucha, o bien, Dios la permite para purificar el alma. Estos obstáculos se salvan si somos dóciles a la dirección espiritual, y si permanecemos cerca del Señor con un trato diario mediante la oración viva. III. Muchos, quizá sin saberlo expresamente, se apoyan en nuestra fidelidad. En lo humano es la lealtad, virtud esencial para la convivencia, porque inspira confianza y seguridad. Muchas veces se echa de menos la honradez para cumplir la palabra dada y los compromisos libremente adquiridos en el matrimonio, en la empresa, en los negocios. En estos momentos urge que los cristianos –luz del mundo y sal de la tierra– procuremos ser ejemplo de fidelidad y de lealtad a los compromisos contraídos. Algún día escucharemos dichosos: “siervo bueno y fiel; has sido fiel en lo; poco, te constituiré sobre lo mucho; entra en el gozo de tu Señor” (Mt 25, 21-23).

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