Sábado 18 de Enero

Memoria libre de Santa María en Sábado

Antífona de Entrada

Dichosa tú, Virgen María, que llevaste en tu seno al creador del universo; diste a luz al que te creó, y permaneces Virgen para siempre.

Oración Colecta

Concédenos, Dios misericordioso, auxilio en nuestra fragilidad, para que, quienes celebramos la conmemoración de la santa Madre de Dios, con la ayuda de su intercesión nos veamos libres de nuestras culpas.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.

Primera Lectura

Este es Saúl, el hombre que gobernará a mi pueblo
Lectura del primer libro de Samuel 9, 1-4. 10. 17-19; 10, 1a

Había un hombre de la tribu de Benjamín, llamado Quis; era de gran valor. Tenía un hijo llamado Saúl, joven y de buena presencia; entre los israelitas no había ninguno más apuesto que él; era el más alto de todos y ninguno le llegaba al hombro.

Un día se le perdieron las burras a Quis, y éste le dijo a su hijo Saúl: «Toma contigo uno de los criados y vete a buscar las burras». Recorrieron los montes de Efraín y la región de Salisá, pero no las encontraron; atravesaron el territorio de Saalín y no estaban allí; después la tierra de Benjamín, y tampoco las hallaron. Entonces se dirigieron a la ciudad donde vivía Samuel, el hombre de Dios. Cuando Samuel vio a Saúl, el Señor le dijo: «Ese es el hombre de quien te he hablado; él gobernará a mi pueblo».

Saúl se acercó a Samuel, que se encontraba en la puerta de la ciudad, y le dijo: «Indícame, por favor, dónde está la casa del vidente». Samuel le respondió: «Yo soy el vidente. Sube delante de mí al lugar sagrado y quédate a cenar conmigo. Mañana temprano te despediré, después de decirte todo lo que está en tu corazón». Al día siguiente, muy temprano, Samuel tomó la aceitera y derramó aceite sobre la cabeza de Saúl. Después le besó y le dijo: «El Señor te ha ungido como jefe de Israel, su pueblo. Tú reinarás sobre el pueblo del Señor y lo librarás de los enemigos que le rodean».
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Del salmo 20
De tu poder, Señor, se alegra el rey.

De tu poder, Señor, se alegra el rey, se alegra con el triunfo que le has dado. Le otorgaste lo que él tanto anhelaba, no rechazaste el ruego de sus labios.
De tu poder, Señor, se alegra el rey.

Lo colmaste, Señor, de bendiciones, con oro has coronado su cabeza. La vida te pidió, tú se la diste, una vida por siglos duradera.
De tu poder, Señor, se alegra el rey.

Tu victoria, Señor, le ha dado fama, lo has cubierto de gloria y de grandeza. Sin cesar le concedes tus favores y lo colmas de gozo en tu presencia.
De tu poder, Señor, se alegra el rey.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
El Señor me ha enviado para anunciar a los pobres la buena nueva y proclamar la liberación a los cautivos.
Aleluya.

Evangelio

No he venido a llamar justos, sino pecadores
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 2, 13-17

En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a la orilla del lago; la gente acudía a él y les enseñaba. Al pasar, vio a Leví (Mateo), el hijo de Alfeo, sentado en el banco de los impuestos, y le dijo: «Sígueme». Se levantó y lo siguió. Estando Jesús a la mesa en casa de Leví, algunos publicanos y pecadores se sentaron a la mesa junto con Jesús y sus discípulos, porque eran muchos los que lo seguían. Unos fariseos, viéndolo comer con pecadores y publicanos, les dijeron a sus discípulos: «¿Por qué su maestro come y bebe en compañía de publicanos y pecadores?» Jesús lo oyó y les dijo: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores».
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Oración sobre las Ofrendas

Al venerar la memoria de la Madre de tu Hijo, te rogamos, Señor, que la ofrenda que te presentamos nos transforme, por la abundancia de tu gracia, en ofrenda permanente.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Antífona de la Comunión

Ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede. Santo es su nombre.

Oración después de la Comunión

Ya que nos has concedido participar de la redención eterna, te rogamos, Señor, que, quienes celebramos la conmemoración de la Madre de tu Hijo, no sólo nos gloriemos de la plenitud de tu gracia, sino que experimentemos también un continuo aumento de salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

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