Miércoles 22 de Enero

Reflexión sobre el Evangelio

Los fariseos eran los dirigentes espirituales del judaísmo y los herodianos los partidarios del régimen de Herodes, con el cual habían medrado política o económicamente. Unos y otros estaban enfrentados y no se trataban, pero juntos van a hacer causa común contra Jesús. Los fariseos intentan hacerlo desaparecer porque lo consideran como un peligroso innovador. La ocasión más inmediata pudo ser que había perdonado los pecados e interpretado con toda autoridad el precepto del sábado; quieren también acabar con Jesús porque estiman que Él, con su proceder, los había desprestigiado al curar al hombre que tenía la mano seca. Los herodianos, por su parte, despreciarían el tono sobrenatural y escatológico del mensaje de Cristo, ya que ellos esperaban un Mesías meramente político y temporal.

Meditación

Vivir la fe en lo ordinario

I. El Evangelio nos habla del hombre que tenía una mano seca (Mc 3, 1-6), a quien Jesús cura; solamente le dijo: extiende tu mano. La extendió, y su mano quedó curada. Todo es posible con Jesús. La fe nos permite lograr metas que siempre habíamos creído inalcanzables, resolver viejos problemas personales o de una tarea apostólica que parecían insolubles, echar fuera defectos que estaban arraigados. La fe es para vivirla, y debe informar las grandes y pequeñas decisiones; y, a la vez, se manifiesta de ordinario en la manera de enfrentarse con los deberes de cada día. No basta con asentir a las grandes verdades del Credo, tener una buena formación quizá; es necesario vivirla, practicarla, ejercerla, debe generar una “vida de fe” que sea, a la vez, fruto y manifestación de lo que se cree. Dios nos pide servirle con la vida, con las obras, con todas las fuerzas del cuerpo y del alma.

II. El ejercicio de la virtud de la fe en la vida cotidiana se traduce en lo que comúnmente se conoce como “visión sobrenatural”, que consiste en ver las cosas, incluso las más corrientes, lo que parece intrascendente, en relación con el plan de Dios sobre cada criatura en orden a su salvación y a la de otros muchos. La vida cristiana, la santidad, no es un revestimiento externo que recubre al cristiano, ignorando lo propiamente humano. De ahí que las virtudes sobrenaturales influyan en las humanas y hagan del cristiano un hombre honrado, ejemplar en su trabajo y en su familia, lleno de sentido del honor y de la justicia. La fe está continuamente en ejercicio, y la esperanza, y la caridad… Ante problemas y obstáculos, el Señor nos dice: extiende tu mano. Examinemos hoy cómo vamos de “visión sobrenatural” ante los acontecimientos diarios. III. La fe nos llevará a imitar a Jesucristo, que fue “perfecto Dios y perfecto hombre” (Symbolo Quicumque), a ser hombres y mujeres de temple, sin complejos, sin respetos humanos, veraces, honrados, justos en los juicios, en los negocios, en la conversación… La vida cristiana se expresa a través del actuar humano, al que dignifica y eleva al plano sobrenatural. Por otra parte, lo humano sustenta y hace posibles las virtudes sobrenaturales. En San José encontramos un modelo espléndido de varón justo, ‘vir iustus’ (Mt 1, 19), que vivió de fe en todas las circunstancias de su vida. Pidámosle que sepamos ser lo que Cristo espera de cada uno en el propio ambiente y circunstancias.

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