Sábado 28 de Marzo

Reflexión sobre el Evangelio

«Este es verdaderamente el profeta»: El título «el profeta» alude a Dt 18,18 que predice la venida de un profeta en los últimos tiempos al que todos deberán escuchar; a su vez, «el Cristo» («el Mesías») era el título más corriente en el Antiguo Testamento para designar al futuro Salvador enviado por Dios. El pasaje muestra una vez más la diversidad de opiniones acerca de Jesús. Muchos judíos ignoraban –sin tomarse ninguna molestia para averiguar la verdad– que había nacido en Belén, la ciudad de David, donde, según Miqueas (5,2) debía nacer el Mesías. Tal ignorancia culpable constituía en ellos una excusa para no aceptarle como el Cristo. Otros, sin embargo, ante los milagros de Jesús, entienden que Él debe ser el Mesías. También a lo largo de la historia hay diversas opiniones acerca de Jesucristo: algunos lo consideran exclusivamente como un hombre extraordinario, sin querer comprender que su grandeza le viene precisamente de ser el Hijo de Dios.

Meditación

Dar a conocer la doctrina de Jesucristo

I. Cristo con su doctrina ha proclamado la verdad fundamental del hombre, su libertad y su dignidad sobrenatural, por la gracia de la filiación divina. Cristo tiene «palabras de vida eterna» (Jn 6, 58), y nos ha dejado el encargo de transmitirlas a todas las generaciones hasta el fin de los tiempos. Cada cristiano debe ser testimonio de buena doctrina, testigo –no sólo con el ejemplo: también con la palabra– del mensaje evangélico. Es mucha la urgencia de dar a conocer la doctrina de Cristo, porque la ignorancia es un poderoso enemigo de Dios en el mundo y «es causa y raíz de todos los males que envenenan a los pueblos» (Juan XXIII, Ad Petri cathedram). Quiere el Señor que nuestras palabras se hagan eco de sus enseñanzas para mover los corazones: ‘Él mismo nos ha elegido para que llevemos su luz por todas partes’ (Álvaro del Portillo, Carta pastoral).

II. La vocación cristiana es vocación al apostolado, y Dios da la gracia para poder corresponder. No caben las excusas: no valgo, no sirvo, no tengo tiempo… Los cristianos debemos mostrar, con la ayuda de la gracia, lo que significa seguir de verdad a Jesús. «Se necesitan –dice Juan Pablo II– heraldos del Evangelio expertos en humanidad, que conozcan a fondo el corazón del hombre de hoy, participen de sus gozos y esperanzas, de sus angustias y tristezas, y al mismo tiempo sean contemplativos, enamorados de Dios. Para esto se necesitan nuevos santos. Los grandes evangelizadores de Europa han sido los santos. Debemos suplicar al Señor que aumente el espíritu de santidad de la Iglesia y nos mande nuevos santos para evangelizar el mundo de hoy» (Discurso al Simposio de Obispos Europeos). III. De muchas maneras podemos dar a conocer amablemente la figura y las enseñanzas de Jesús y de su Iglesia: con una conversación, participando en una catequesis, con el silencio que los demás valoran, escribiendo a los medios de comunicación por un trabajo acertado, insistiendo con frecuencia en las mismas ideas, esforzándonos en presentarlas en forma atrayente. Hemos de tener en cuenta que muchas veces tendremos que ir contra corriente, como han ido tantos buenos cristianos a lo largo de los siglos. Con la ayuda del Señor, seremos fuertes para no dejarnos arrastrar por errores en boga o costumbres permisivas y libertinas, que contradicen la ley moral natural y la cristiana. Siempre, y de modo especial en las situaciones más difíciles, el Espíritu Santo nos iluminará, y sabremos qué decir y cómo hemos de comportarnos.

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