Sábado 4 de Abril

Reflexión sobre el Evangelio

Cuando el Evangelista afirma que Cristo iba a morir «para congregar en la unidad a los hijos de Dios, que estaban dispersos», se refiere a lo que el Señor había dicho acerca de los efectos salvíficos de su muerte. Ya los profetas habían anunciado la futura congregación de los israelitas fieles a Dios para formar el nuevo pueblo de Israel. Estos vaticinios se cumplieron con la muerte de Cristo que, al ser exaltado en la Cruz, atrae y reúne al verdadero Pueblo de Dios, formado por todos los creyentes, sean o no israelitas.

Meditación

Prendimiento de Jesús

I. ‘Levantaos, vamos –dice Jesús a los que le acompañan en el Huerto de Getsemaní– ya llega el que me va a entregar. Todavía estaba hablando, cuando llegó Judas, uno de los doce, acompañado de un gran gentío con espadas y palos’ (Mt 26, 46-47): se consuma la traición. Judas fue elegido y llamado para ser Apóstol por el mismo Señor, experimentó la predilección de Jesús, y llegó a ser uno de los Doce más íntimos. También fue enviado a predicar, y vería el fruto copioso de su apostolado; quizá hizo milagros como los demás. ¿Qué ha pasado en su alma para que ahora traicione al Señor? El resquebrajamiento de su fe y de su vocación, debió producirse poco a poco. Permitió que su amor al Señor se fuera enfriando y sólo quedó un mero seguimiento externo. El acto que ahora se consuma ha sido precedido de infidelidades y faltas de lealtad cada vez mayores. Por contraste, la perseverancia es la fidelidad diaria en lo pequeño. Perseverar en la propia vocación es responder a las sucesivas llamadas que el Señor hace a lo largo de una vida, aunque no falten obstáculos y dificultades y a veces errores aislados, cobardías y derrotas.

II. La traición se consuma en el cristiano por el pecado mortal. Todo pecado, incluso el venial, está relacionado íntima y misteriosamente con la Pasión del Señor. Por muy grandes que puedan ser nuestros pecados, Jesús nos espera siempre para perdonarnos en la Confesión, y cuenta con nuestra flaqueza, los defectos y las equivocaciones. Debemos recordar que Dios no pide tanto el éxito, como la humildad de recomenzar sin dejarse llevar por el desaliento y el pesimismo, poniendo en práctica la virtud teologal de la esperanza. Judas rechazó la mano que le tendió el Señor, y su vida, sin Jesús, quedó rota y sin sentido. III. Jesús se quedó solo. Los discípulos han ido desapareciendo poco a poco. Pedro le seguía de lejos (Lc 22, 54). Y de lejos, como comprendería pronto Pedro después de su negación, no se puede seguir a Jesús. O se sigue al Señor de cerca o se le acaba negando. Hoy nosotros le aseguramos a Jesús que queremos seguirle de cerca, y nunca dejarlo solo. Le pedimos a la Virgen que nos dé las fuerzas necesarias para permanecer junto al Señor en los momentos difíciles, con afanes de desagravio y de corredención.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s