Viernes 17 de Abril

Reflexión sobre el evangelio

Jesús resucitado va en busca de sus discípulos para animarlos y seguir explicándoles la gran misión que les ha encomendado. El relato describe una escena entrañable del Señor con los suyos: «Pasa al lado de sus Apóstoles, junto a esas almas que se han entregado a Él: y ellos no se dan cuenta. ¡Cuántas veces está Cristo, no cerca de nosotros, sino en nosotros; y vivimos una vida tan humana! (…). Vuelve a la cabeza de aquellos discípulos lo que, en tantas ocasiones, han escuchado de los labios del Maestro: pescadores de hombres, apóstoles. Y comprenden que todo es posible, porque Él es quien dirige la pesca» (S. Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, nn. 265-266).

Meditación

Constancia en el apostolado

I. Los Apóstoles han marchado de Jerusalén a Galilea, como les había indicado el Señor (Mt 28, 7). Han vuelto a su antigua profesión, la que tenían cuando el Señor los llamó, junto al lago. Jesús resucitado va en busca de los suyos para fortalecerlos en la fe y en su amistad, y para seguir explicándoles la gran misión que les espera. Los discípulos no acaban de reconocerle cuando les indica de lejos: Echad la red a la derecha de la barca, y encontraréis. Juan confirma la certeza interior de Pedro. Inclinándose hacia él, le dijo: ¡Es el Señor! Pedro salta como un resorte. No espera que las barcas llenas con una pesca abundante, lleguen a la orilla. El amor de Juan distinguió inmediatamente al Señor en la orilla: ¡Es el Señor! “El amor, el amor lo ve de lejos” (S. Josemaría Escrivá, Amigos de Dios). El drama de un cristiano comienza cuando no ve a Cristo en su vida; cuando por la tibieza, el pecado o la soberbia se nubla el horizonte; cuando se hacen las cosas como si no estuviera Jesús junto a nosotros, como si no hubiera resucitado.

II. “¿Por qué contó el Señor tantos pescadores entre sus Apóstoles? ¿Qué cualidad vio en ellos Nuestro Señor? Una paciencia inquebrantable. Han trabajado toda la noche y no han pescado nada; muchas horas de espera, en las que la luz gris de la aurora les traería un premio, y no lo ha habido” (R.A. Knox, Sermón predicado en la festividad de San Pedro y San Pablo). No sabemos cómo ni cuándo, pero todo esfuerzo apostólico da su fruto, aunque en muchas ocasiones nosotros no le veamos. El Señor nos pide la paciente espera de los pescadores. Ser constantes en el apostolado personal, no abandonarlo jamás, no dejar a nadie por imposible. La paciencia es parte principal de la fortaleza y nos lleva a saber esperar cuando así lo requiera la situación, a poner los medios humanos y sobrenaturales, a recomenzar muchas veces, a contar con nuestros defectos y con los de las personas que queremos llevar a Dios. III. Jesús llamó a los Apóstoles conociendo sus defectos. Confía en ellos y los forma con paciencia; cuenta con el tiempo para hacerlos idóneos para la misión que han de desempeñar. Encontraremos resistencias, consecuencia del pecado original o de los pecados personales. A nosotros nos toca ser buenos canales por los que llega la gracia del Señor, facilitar la acción del Espíritu Santo en nuestros amigos, parientes y conocidos. Si el Señor no se cansa de dar su ayuda a todos, ¿cómo nos vamos a desalentar nosotros que somos simples instrumentos? El Señor era Amigo de sus discípulos. Nosotros pidamos a Santa María que nos ayude a imitar a Jesús para llevar a Él a nuestros amigos.

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