Lunes 27 de Abril

Reflexión sobre el Evangelio

«No me andan buscando por haber visto señales milagrosas»: El Señor comienza corrigiendo la falta de rectitud de intención que les movía a seguirle, preparándoles así para entender la doctrina del discurso eucarístico. «Me buscáis –comenta San Agustín– por motivos de la carne, no del espíritu. ¡Cuántos hay que buscan a Jesús, guiados sólo por intereses temporales! (…). Apenas se busca a Jesús por Jesús» (In Ioannis. Evangelium Tractatus., 25,10). Comienza en este punto el llamado Discurso del Pan de Vida, que abre con una introducción a modo de diálogo entre Jesús y los judíos, donde el Señor se revela como el que viene a traer los dones mesiánicos. Sigue la primera parte del discurso, en la que Jesús se presenta como el Pan de Vida, en cuanto que la fe en Él es alimento para la vida eterna. En la segunda parte Cristo revela el misterio de la Eucaristía: Él es el Pan de Vida que se da sacramentalmente como verdadera comida.

Meditación

Naturalidad cristiana

I. Esteban proclamó con valentía su fe en Jesús resucitado. Y es ejemplo para nosotros –aunque el Señor no nos pida el martirio– de vida cristiana coherente: con naturalidad y claridad, sin detenernos ante falsos escándalos, ni ante el qué dirán. Debemos contar con ambientes en los que alguna vez nos mirarán torcidamente, porque no entienden un comportamiento cristiano, ni muchas de las exigencias amables de Cristo. Debemos entonces imitar al Señor y a quienes le fueron fieles, incluso hasta dar la vida por Él, si fuera necesario, actuando con serenidad, llevando una vida cristiana con todas sus consecuencias. “¿Sabéis cuál es la primera tentación que el demonio presenta a una persona que ha comenzado a servir mejor a Dios? –pregunta el Santo Cura de Ars–. Es el respeto humano” (Sermón sobre las tentaciones). ¿Cómo es nuestro comportamiento con los amigos, en el trabajo, en una reunión social? ¿Mostramos con valentía y sencillez nuestra condición de hijos de Dios?

II. Se llama fanático al que habla con entusiasmo de una causa noble –defensa de la vida desde la concepción, libertad de enseñanza…– o tratan de descalificar con diversos adjetivos al que tiene convicciones profundas sobre la vida y su destino final, y trata de vivirlas. Sin intemperancias, que son ajenas al ejemplo amable que nos dejó Jesucristo, trataremos de vivir, con la ayuda de la gracia, una vida llena de convicciones cristianas profundas y libres. El cristiano, por el Bautismo, ha recibido la gracia que salva y da sentido a su caminar terreno. Ante un bien tan excelente es lógico que esté alegre y que procure comunicar su felicidad a quienes están a su lado por medio de un apostolado incesante. En todos los ambientes debemos hacer el bien, como Cristo lo hizo, y comunicar nuestra alegría por haberlo conocido.

III. El lugar donde buscamos la santidad es el trabajo, las relaciones con quienes comparten las mismas tareas con nosotros, el trato social, la familia. Si encontramos obstáculos, incomprensiones o críticas injustas le pediremos al Señor su gracia para mantenernos serenos, tener paciencia y, ordinariamente, no dejar de hacer apostolado. El Señor no siempre se encontró con personas de buena fe al anunciar la Buena Nueva, y no por eso dejó de mostrar las maravillas del Reino de Dios. Los Apóstoles y los primeros cristianos encontraron un clima adverso. Para vencer los respetos humanos, necesitamos rectitud de intención, fortaleza, alegría y buen ejemplo. A la Santísima Virgen le pedimos estas virtudes para hablar de Dios sin respetos humanos.

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