Viernes 15 de Mayo

Reflexión sobre el Evangelio

«No son ustedes los que me han elegido»: Tres ideas están contenidas en estas palabras del Señor. Una, que la llamada a los Apóstoles y también a todo cristiano no proviene de buenos deseos, sino de la elección gratuita de Cristo. No han sido los Apóstoles los que han elegido al Señor como Maestro, según la costumbre judía de elegirse un rabino, sino que fue Cristo quien los escogió a ellos. La segunda idea es que la misión de los Apóstoles y de todo cristiano consiste en seguir a Cristo, buscar la santidad y contribuir a la propagación del Evangelio. La tercera enseñanza se refiere a la eficacia de la súplica hecha en nombre de Cristo; por eso la Iglesia acostumbra a terminar las oraciones de la Sagrada Liturgia con la invocación «por Jesucristo Nuestro Señor».

Meditación

El valor de la amistad

I. Las hermanas de Lázaro no encuentra mejor título que el de la amistad para solicitar la presencia del Señor: ‘tu amigo está enfermo’ (Jn 11, 3), le mandan decir. Es el mejor argumento que tienen a mano. Jesús buscó y facilitó la amistad a todos aquellos que encontró por los caminos de Palestina. Aprovechaba siempre el diálogo para llegar al fondo de las almas y llenarlas de amor. Jesucristo es el amigo que nunca traiciona, está siempre disponible, Él ayuda, anima y consuela en toda ocasión. La amistad con el Señor, que nace y se acrecienta en la oración y en la digna recepción de los sacramentos, nos hace entender mejor el significado de la amistad humana que la Sagrada Escritura califica como un tesoro: ‘Un amigo fiel es poderoso protector; el que lo encuentra halla un tesoro. Nada vale tanto como un amigo fiel; su precio es incalculable’ (Ec 6, 14).

II. El trato diario y la amistad con Jesucristo nos llevan a una actitud abierta, comprensiva, que aumenta la capacidad de tener amigos. La amistad verdadera es desinteresada, no busca el propio provecho, sino el del amigo. Para que haya amistad es necesario que exista correspondencia, es preciso que el afecto y la benevolencia sean mutuos (cfr. Santo Tomás, Suma Teológica, 2-2, q. 23, a. 1). El buen amigo no abandona en las dificultades, no traiciona; nunca habla mal del amigo, ni permite que, ausente, sea criticado, porque sale en su defensa. Amistad es sinceridad, confianza, compartir penas y alegrías, animar, consolar, ayudar con el ejemplo. III. El Señor, con frecuencia, tiene en cuenta la amistad como medio para darse a conocer. Los primeros que le conocieron fueron a comunicar esta buena nueva a quienes amaban; Andrés trajo a Pedro, su hermano; Felipe, a su amigo Natanael… Es propio de la amistad dar al amigo lo mejor que se posee. El Señor espera a nuestros amigos. Con paciencia y constancia, sin prisa, sin pausa, por medio de nuestra amistad, se irán acercando a Él. La amistad todo lo puede con la ayuda de la gracia. Hoy es un buen día para preguntarnos si nuestros amigos se sienten movidos por nuestro ejemplo y nuestra palabra a estar más cerca del Señor.

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