Martes 19 de Mayo

Reflexión sobre el Evangelio

La palabra «mundo» designa aquí a los que no han creído en Cristo y le han rechazado. A éstos el Espíritu Santo les acusará de pecado por su incredulidad. Les argüirá de justicia porque mostrará que Jesús era el Justo que jamás cometió pecado alguno (cfr Ioh 8,46; Heb 4,15), y por eso es glorificado junto al Padre. Por último, argüirá de juicio al hacer patente que el Demonio, príncipe de este mundo, ha sido vencido mediante la Muerte de Cristo, por la cual el hombre es rescatado del poder del Maligno y capacitado, por la gracia, para vencer sus asechanzas.

Meditación

Mayo, el mes de María

I. ‘Mes de sol y de flores, mes de María, coronando el tiempo Pascual. Desde el Adviento nuestro pensamiento había seguido a Jesús; ahora que se ha hecho en nuestra alma la gran paz que sigue a la Resurrección, ¿cómo no volvernos hacia aquella que nos lo ha dado?’ (J. Leclerq, Siguiendo el año litúrgico, Rialp 1957, pp. 215-216). Todo el pueblo cristiano ha sabido siempre llegar a Dios a través de su Madre. Con una experiencia constante de sus gracias y favores la ha llamado Omnipotencia suplicante, y ha encontrado en Ella el atajo – ‘senda por donde se abrevia el camino’– para llegar a Dios.

II. Entre las Cantigas de Santa María del Rey sabio, existe una que comienza con las palabras: ‘Bienvenido Mayo…’. En ella, Alfonso X exalta ya el retorno de mayo porque nos invita a rogar con más honor a María, para que nos libre de mal y nos colme de bienes. En nuestros días, los cristianos, que queremos estar siempre muy cerca de Ella, le ofrecemos especiales obsequios durante el mes: romerías, visitas a alguna iglesia a Ella dedicada, pequeños sacrificios en su honor, ofrecimiento del estudio o del trabajo bien acabado, el rezo más atento del Santo Rosario. III. Una manifestación tradicional de amor a nuestra Madre es la romería a un santuario o ermita de la Virgen, con carácter penitencial –expresado quizá en un pequeño sacrificio: ir andando desde un lugar oportuno, vivir algunos detalles de sobriedad que cuesten sacrificio… – y con sentido apostólico, procurando acercar más a Dios a aquellas personas que nos acompañan, y rezando con particular piedad el Santo Rosario. Juan Pablo II nos ha dicho que la fe cristiana de tantas generaciones no es, en esos lugares marianos, mero recuerdo de un pasado, sino punto de partida hacia Dios. Preparemos nosotros en la oración nuestra romería. No olvidemos que nosotros estamos cumpliendo ahora aquella profecía: ‘Me llamarán bienaventurada todas las generaciones’. No olvidemos en este mes tener, cada día, singulares muestras de amor con Nuestra Señora.

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