Lunes 25 de Mayo

Reflexión sobre el Evangelio

«Porque yo he vencido al mundo»: El Concilio Vaticano II enseña a propósito de este pasaje: «El Señor Jesús, que dijo: ‘Confiad, yo he vencido al mundo’, no prometió por estas palabras a su Iglesia una victoria completa en el tiempo presente. Sin embargo, se alegra el Sacrosanto Concilio de que la tierra, fecundada con la semilla del Evangelio, fructifica ahora en muchos lugares bajo la guía del Espíritu del Señor que llena todo el orbe» (Decr. Presbyterorum ordinis, n. 22).

Meditación

El Don de consejo

I. Son muchas las ocasiones de desviarnos del camino que conduce a Dios, muchos son los senderos equivocados que a menudo se presentan. Pero el Señor nos ha asegurado: ‘Yo te haré saber y te enseñaré el camino que debes seguir; seré tu consejero y estarán mis ojos sobre ti’ (Sal 32, 8). El Espíritu Santo, mediante el don de consejo, perfecciona los actos de la virtud de la prudencia, que se refiere a los medios que se deben emplear en cada situación. Con mucha frecuencia debemos tomar decisiones; en todas ellas, de alguna manera, tenemos comprometida nuestra santidad. Dios concede el don de consejo a las almas dóciles a la acción del Espíritu Santo, para decidir con rectitud y rapidez. Es como un instinto divino para acertar en el camino que más conviene a la gloria de Dios. De esta luz vienen las llamadas a ser mejores, a corresponder más; de ahí vienen las resoluciones firmes que cambian una vida o son el origen de una mejora eficaz en las relaciones con Dios, en el trabajo, en el actuar concreto de cada día.

II. El don de consejo supone haber puesto los demás medios para actuar con prudencia: recabar los datos necesarios, prever las posibles consecuencias de nuestras acciones, echar mano de la experiencia en casos similares, pedir consejo oportuno, y escuchar humildemente las directrices de la Iglesia: es la prudencia natural esclarecida por la gracia. Este don es de gran ayuda para mantener una conciencia recta, sin deformaciones e ilumina con claridad el alma fiel a Dios para no aplicar equivocadamente las normas morales, para no dejarse llevar por los respetos humanos, o por criterios del ambiente o de la moda, sino según el querer de Dios. III. Este don de consejo es particularmente necesario a quienes tienen la misión de orientar y guiar a otras almas. Debemos recibir con alegría y agradecimiento los consejos de la dirección espiritual, por los que tantas veces y de modo tan claro nos habla el Espíritu Santo. El mayor obstáculo para que el don de consejo arraigue en nuestra alma, es el apegamiento al propio juicio, el no saber ceder, la falta de humildad y la precipitación en el obrar. En cambio, facilitaremos su acción si nos acostumbramos a llevar a la oración las decisiones más importantes de nuestra vida y si somos sinceros en la dirección espiritual. Nuestra Madre del Buen Consejo nos conseguirá las gracias necesarias si acudimos a Ella con la humildad del que sabe que por sí solo tropezará y tomará frecuentemente sendas equivocadas.

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