Viernes 5 de Junio

Reflexión sobre el Evangelio

Dios prometió al rey David que uno de sus descendientes poseería el reino eternamente (2 S 7, 12 ss.). Era una clara alusión al Mesías, y así lo interpretaba toda la tradición judía, que le titulaba «Hijo de David». En tiempo de Jesucristo este título mesiánico estaba cargado de un fuerte sentido nacionalista: esperaban un rey terreno, descendiente de David, que les librase de la dominación romana. Jesús en este pasaje muestra a los fariseos que el origen del mesías es superior: no sólo «Hijo de David», sino de naturaleza más alta, en cuanto que es Hijo de Dios y trasciende lo puramente temporal.

Meditación

Al Ángel custodio

I. Los ángeles, espíritus puros –sin composición de materia o cuerpo–, son las criaturas más perfectas de la creación. Su inteligencia procede con gran simplicidad y agudeza, su voluntad es perfecta, y ven a Dios cara a cara, quien los ha constituido en sus ministros ordinarios, pues corrientemente quiere servirse de causas segundas para el gobierno del mundo. En muchos lugares del Antiguo y Nuevo Testamento se nos habla de ellos. Además de intervenir en acontecimientos de la historia humana, los ángeles actúan continuamente en la vida personal de los hombres. Son una muestra más de la bondad divina con nosotros, nos socorren, animan y confortan, nos llaman al bien, a la confianza y a la serenidad. Nuestro Ángel tiene la misión de ayudarnos a alcanzar nuestro fin sobrenatural, y al final de nuestra vida, cuando con la ayuda de la gracia estemos en la casa de nuestro Padre Dios, podremos escuchar que nos dice: “yo siempre estaba contigo”.

II. Siempre, a lo largo de nuestra vida, tenemos necesidad de la protección y amparo de nuestro Ángel. Si hacemos el propósito de tratarlo más, no dejaremos de notar su presencia y recibiremos muchas gracias y ayudas por su mediación: nos presta su auxilio espiritual, y su apoyo y colaboración en pequeñas necesidades de la vida ordinaria, como encontrar algo que habíamos perdido, acordarnos de un asunto olvidado que nos es necesario tener presente, ser puntuales, etc. También podemos relacionarnos con el Ángel Custodio de nuestros amigos, de modo particular en la tarea de acercarlos al Señor y evitar que se alejen de Él. Sabemos que cerca de cada Sagrario, se encuentran ángeles adorando a Jesús Sacramentado. Pidámosle a nuestro Ángel que nos enseñe a tratar con más amor a Jesús, realmente presente en el Sagrario. III. A pesar de su perfección, los ángeles no tienen un poder y una sabiduría divinas; no pueden leer en el interior de las conciencias. Por eso es necesario que les demos a conocer lo que necesitamos de ellos en cada ocasión. No hacen falta palabras, pero sí es necesario dirigirnos a ellos con la mente. Sus consejos vienen de Dios y penetran más profundamente que la voz humana; su presencia a nuestro lado es continua. Fomentemos la amistad de nuestro Ángel Custodio porque este vínculo sobrenatural que nació en la tierra permanecerá en el Cielo. En el momento que demos cuenta a Dios estará a nuestro lado y será nuestro mejor aliado.

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