Martes 16 de Junio

Reflexión sobre el Evangelio

«El divino Maestro y Modelo de toda perfección, predicó a todos y cada uno de sus discípulos, en cualquier circunstancia que vivieren, la santidad de vida, de la cual Él es autor y consumador: ‘Sed, pues, vosotros perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto’ (…). Es completamente claro que todos los fieles de cualquier estado o condición de vida están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad, santidad que, aun en la sociedad terrena, promueve un modo más humano de vivir» (Concilio Vaticano II en el cap. 5 de la Const. Lumen gentium, n. 40).

Meditación

Santidad en el mundo

I. Jesús nos dice en el Evangelio de la Misa: ‘Sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto’ (Mt 5, 48). El Señor se dirige a todos los hombres sin distinción de estado, raza o condición. Nos llama a nosotros, a cada uno en particular. Cristo nos dice: ‘Sed perfectos…’, y nos da las gracias convenientes. No es un consejo del Maestro, sino un amoroso mandato. No existe en la doctrina de Cristo una llamada a la mediocridad, sino al heroísmo, al amor, al sacrificio alegre. El amor se pone al alcance de todos, porque la santidad es cuestión de amor, de empeño por llegar, con la ayuda de la gracia, hasta Cristo. La santidad implica exigencia, combatir el conformismo y la tibieza, y nos pide ser heroicos, no en sucesos extraordinarios, sino a la continua fidelidad a los deberes de todos los días.

II. Todas las épocas son buenas para meternos en caminos hondos de santidad, Dios nos llama en todas las circunstancias: una familia concreta, un trabajo, las personas con las que hemos de convivir, el país, la región, el sistema político imperante, nuestra propia manera de ser, y no otra. Nos llama en la guerra y en la paz, en la enfermedad y la salud, en el triunfo y cuando parece que hemos fracasado, en la abundancia o cuando apenas tenemos lo necesario. Quiénes no cuentan con la gracia y ven las cosas con una visión puramente humana, están diciendo constantemente: éste de ahora no es tiempo de santidad… “Dejaos, pues de sueños, de falsos idealismos, de fantasías, de eso que suelo llamar mística ojalatera –¡ojalá no me hubiera casado, ojalá no tuviera esta profesión, ojalá tuviera más salud, ojalá fuera más joven, ojalá fuera más viejo!… –, y ateneos, en cambio sobriamente, a la realidad más material e inmediata, que es donde está el Señor” (Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer).

III. Si contemplamos la vida de un modo humano, algunas circunstancias parecerían más propicias para la santidad y para el apostolado. Hay momentos difíciles durante los cuales necesitamos más ayuda y pondremos más atención y empeño en la oración, en el trato con Jesús Sacramentado, con la Virgen. Entonces las virtudes se hacen más fuertes, y toda la vida interior madura. Asimismo para hacer apostolado, todos los días y momentos son buenos, sin embargo es necesario el esfuerzo y poner en juego las virtudes humanas, con constancia y generosidad para sembrar mucho, a voleo, aunque no veamos los frutos. Si los primeros cristianos hubieran esperado circunstancias más propicias, pocos conversos hubieran llevado a la fe. Pidamos a la Virgen un efectivo deseo de santidad en las circunstancias en las que ahora nos encontramos, y de apostolado para que llevemos muchas almas al Corazón de su Hijo.

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