Viernes 10 de Julio

Reflexión sobre el Evangelio

«Yo les aseguro que no alcanzarán a recorrer…»: En la interpretación de este texto ha de rechazarse, ante todo, la opinión de algunos racionalistas según la cual Jesús hubiera tenido la convicción de su próxima venida gloriosa y fin del mundo. Tal interpretación contradice abiertamente otros muchos pasajes del Evangelio y del Nuevo Testamento. Es evidente que con «Hijo del Hombre» Jesús se designa a Sí mismo, y que anuncia una manifestación de su gloria. La interpretación más razonable es que aquí Jesús alude, en primer lugar, a la situación histórica de la primera guerra judía contra Roma, que acabó con la total destrucción de Jerusalén y del Templo en el año 70, y que causó la dispersión del pueblo hebreo. Pero este acontecimiento que ocurriría pocos años después de la muerte de Jesús, es una imagen o figura profética del fin de los tiempos.

Meditación

Prudentes y sencillos

I. Cuando Jesús envía a los Doce por todo Israel a predicar Su doctrina les aconseja: ‘Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como las serpientes y sencillos como las palomas’ (Mt 10, 16). Han de ser cautos para no dejarse engañar por el mal, para reconocer a los lobos disfrazados de corderos, para distinguir a los falsos de los verdaderos profetas, (Mt 7, 15), y para no dejar pasar una sola ocasión de anunciar el Evangelio y de hacer el bien. Han de ser a la vez sencillos, porque sólo así puede ganarse el corazón de todos. Pero cuidado…, la prudencia, sin sencillez, se convertirá fácilmente en astucia. Los cristianos hemos de andar por el mundo con estas dos virtudes, que se fortalecen y complementan. La sencillez supone rectitud de intención, firmeza y coherencia en la conducta. La prudencia señala en cada ocasión los medios más adecuados para cumplir nuestro fin: “es el amor que discierne lo que ayuda ir a Dios de aquello que lo entorpece” (San Agustín, De las costumbres de la Iglesia católica).

II. Para ser prudentes es necesario tener luz en el entendimiento; así podremos juzgar con rectitud los hechos y las circunstancias; sólo con una sólida formación doctrinal religiosa y ascética, y con la ayuda de la gracia, sabremos encontrar los caminos que verdaderamente llevan a Dios, qué decisiones hemos de tomar… Sin embargo, en muchas ocasiones habremos de pedir consejo, pero no a cualquier persona, sino a una capacitada y animada por nuestros mismos deseos de amar a Dios y seguirle fielmente. Y no solamente en casos de extrema gravedad, sino en materia de lecturas o asistencia a espectáculos que pueden arrebatarnos la fe de una manera violenta o solapada. La sencillez, tan cercana a la humildad, nos mueve a rectificar cuando nos hemos equivocado, o a pedir perdón por los errores que hemos cometido. III. Existe una falsa prudencia a la que San Pablo llama prudencia de la carne (Rm 8, 10). Es aquella que padece el que no toma una decisión por evitarse un problema, el que se deja llevar por respetos humanos, el que no se compromete del todo ni con Dios ni con sus semejantes. Ningún hombre, ninguna mujer se habría entregado a Dios o habría iniciado una empresa sobrenatural con esta prudencia de la carne porque siempre habría encontrado razones para negarse o para retrasar su respuesta. La Virgen nos ayudará a ser humildes y audaces para que, ante los imposibles, podamos responder a Dios como Ella con un ‘fiat’, ¡Hágase!

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