Domingo 19 de Julio

Reflexión sobre el Evangelio

«El Reino de los cielos es semejante a la semilla de mostaza»: El hombre es Jesucristo; el campo, el mundo. El grano de mostaza se entiende de la predicación del Evangelio y de la Iglesia: con unos principios muy pequeños llega a extenderse por todo el mundo. La parábola alude evidentemente a la universalidad y crecimiento del Reino de Dios: la Iglesia, que acoge a todos los hombres de cualquier clase y condición y en todas las latitudes y tiempos, se desarrolla constantemente, a pesar de las contrariedades, en virtud de la promesa y asistencia divinas.

Meditación

La cizaña de la mala doctrina

I. El Señor nos propone en el Evangelio de la Misa la parábola del trigo y la cizaña (Mt 13, 24-43). El mundo es el campo donde el Señor siembra continuamente la semilla de su gracia: simiente divina que al arraigar en las almas produce frutos de santidad. Al redimirnos nos preparó como tierra buena y nos dejó su doctrina salvadora. Pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo, y se fue. La cizaña crece en medio del trigo y es muy parecida, por lo que es difícil distinguirla. Además de estéril, si se mezcla con harina buena, contamina el pan. La cizaña es imagen de la mala doctrina, del error (San Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Evangelio de San Mateo; San Agustín, Catena Aurea), que, sobre todo al principio, se puede confundir con la verdad misma, “porque es propio del demonio mezclar el error con la verdad” (San Juan Crisóstomo, Catena Aurea), y difícilmente se distinguen; pero, después, el error siempre produce consecuencias catastróficas en el pueblo de Dios. Es necesario velar día y noche y no dejarse sorprender para poder ser fieles a las exigencias de la vocación cristiana. Vigilancia sobre nuestro corazón e inteligencia, y sobre aquellas personas que Dios nos ha encomendado.

II. El enemigo de Dios y de las almas ha utilizado todos los medios humanos posibles: se desfiguran algunas noticias, se silencian otras, se propagan ideas demoledoras sobre el matrimonio, se ridiculiza el valor de la castidad y del celibato, se propugna el aborto, la eutanasia, la homosexualidad, se siembra la desconfianza ante los sacramentos, y se da una idea pagana de la vida como si Cristo no hubiera venido a redimirnos. Todo esto con una constancia y empeño increíbles a través de poderosos medios de comunicación. El enemigo no descansa. Nosotros no podemos quedarnos impávidos como si las cosas fueran irreparables. La historia no está predeterminada y Dios nos ha dado la libertad para que sepamos conducirla a Él. Debemos sacar provecho a las mil oportunidades que nos presenta la vida ordinaria para sembrar la buena semilla de Cristo. Muchos se sentirán fortalecidos por nuestra valentía y nuestra conducta serena y firme. III. El mal se contrarresta con abundancia de bien, con ejemplo de vida y coherencia de conducta, que es naturalidad. No basta lamentarse ante tantos errores y ante medios tan poderosos para difundirlos. Las modas pasan, y aquellos aspectos contrarios a la doctrina de Jesucristo que perduren, los cambiaremos los cristianos con empeño, con alegría, con más oración, con una santa tozudez humana y sobrenatural. Pidamos a la Virgen Santísima una gran valentía para propagar la buena semilla.

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