Viernes 31 de Julio

Memoria de san Ignacio de Loyola, Presbítero

Antífona de Entrada

Que al nombre de Jesús toda rodilla se doble, en el cielo, en la tierra, en los abismos, y que toda lengua proclame que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.

Oración Colecta

Dios nuestro, tú que encendiste en san Ignacio de Loyola un apasionado amor por tu Hijo y por tu Iglesia, concédenos por su intercesión un celo infatigable por la salvación de las almas y una fidelidad inquebrantable al Vicario de Cristo.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.

Primera Lectura

La gente se amotinó contra Jeremías en el templo del Señor
Lectura del libro del profeta Jeremías 26, 1-9

Al principio del reinado de Joaquín, hijo de Josías y rey de Judá, el Señor le habló a Jeremías: «Esto dice el Señor: Ve al atrio del templo y diles todos los habitantes de Judá que entran en el templo para adorar al Señor, todas las palabras que yo te voy a ordenar; no omitas ni una sola. A ver si las escuchan y se convierten de su mala vida, y me arrepiento del castigo que he pensado imponerles a causa de sus malas acciones.

Diles, pues: Esto dice el Señor: Si no me obedecen, cumpliendo la ley que les he dado, ni escuchan las palabras de mis siervos los profetas, que sin cesar les he enviado y a quienes ustedes no han escuchado, entonces trataré a este templo como al de Siló, y haré que esta ciudad sirva de escarmiento para todos los pueblos de la tierra».

Los sacerdotes, los profetas y el pueblo oyeron a Jeremías pronunciar estas palabras en el templo del Señor. Y cuando terminó Jeremías de decir cuánto el Señor le había mandado decir al pueblo, los sacerdotes y los profetas lo apresaron, diciéndole al pueblo: «Este hombre debe morir, porque ha profetizado en nombre del Señor que este templo será como el de Siló, y que esta ciudad será destruida y quedará deshabitada». Entonces la gente se amotinó contra Jeremías en el templo del Señor.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Del salmo 68
Escúchanos, Señor, conforme a tu clemencia.

Son más que mis cabellos los que me odian sin tener un motivo, y más fuertes que yo los que pretenden con sus calumnias acabar conmigo. Lo que yo no robé, ¿acaso tengo que restituirlo?
Escúchanos, Señor, conforme a tu clemencia.

Por ti he sufrido injurias y la vergüenza cubre mi semblante. Extraño soy y advenedizo, aún para aquéllos de mi propia sangre; pues me devora el celo de tu casa, el odio del que te odia, en mí recae.
Escúchanos, Señor, conforme a tu clemencia.

A ti, Señor, elevo mi plegaria, ven en mi ayuda pronto; escúchame conforme a tu clemencia, Dios fiel en el socorro.
Escúchanos, Señor, conforme a tu clemencia.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
La palabra de Dios permanece para siempre. Y ésa es la palabra que se les ha anunciado.
Aleluya.

Evangelio

¿No es éste el hijo del carpintero? ¿De dónde, pues, ha sacado esa sabiduría y esos poderes milagrosos?
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 13, 54-58

En aquel tiempo, Jesús llegó a su tierra y se puso a enseñar a la gente en la sinagoga, de tal forma, que todos estaban asombrados y se preguntaban: «¿De dónde ha sacado éste esa sabiduría y esos poderes milagrosos? ¿No es el hijo del carpintero? ¿No es María su madre, y no son sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿No viven entre nosotros todas sus hermanas? ¿De dónde, pues, ha sacado todas estas cosas?» Y se negaban a creer en él.

Entonces Jesús les dijo: «Un profeta no es despreciado más que en su patria y en su casa». Y no hizo muchos milagros allí por la incredulidad de ellos.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Oración sobre las Ofrendas

Que te agraden, Señor Dios, las ofrendas que te presentamos en la celebración de san Ignacio, y concede que estos santos misterios en los que has puesto la fuente de toda santidad, nos santifiquen en la verdad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Antífona de la Comunión

He venido a traer fuego a la tierra, ¡y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo!, dice el Señor.

Oración después de la Comunión

Señor, que este sacrificio de alabanza, que te hemos ofrecido en acción de gracias en la celebración de san Ignacio, nos lleve a alabar perpetuamente tu gloria.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

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