Martes 15 de Septiembre

Nuestra Señora, Virgen de los dolores

Antífona de Entrada

El anciano Simeón dijo a María: Este Hijo tuyo será un signo de división y provocará la caída y la resurrección de muchos en Israel; y una espada atravesará tu propio corazón.

Oración Colecta

Dios nuestro, que quisiste que la Madre de tu Hijo compartiera con él, de pie junto a la cruz, sus sufrimientos, haz que todos nosotros, asociados con la Virgen en la pasión de Cristo, participemos también en la gloria de la resurrección.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.

Primera Lectura

Aprendió a obedecer y se convirtió en autor de salvación eterna
Lectura de la carta a los hebreos 5,7-9

Hermanos: Durante su vida mortal, Cristo ofreció oraciones y súplicas, con fuertes voces y lágrimas, a aquel que podía librarlo de la muerte, y fue escuchado por su piedad. A pesar de que era el Hijo, aprendió a obedecer padeciendo, y llegado a su perfección, se convirtió en la causa de salvación eterna para todos los que lo obedecen.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Del salmo 30
Señor, por tu amor tan grande ponme a salvo.

A ti, Señor, me acojo, que no quede yo nunca defraudado; Señor, tú que eres justo, ponme a salvo. Escucha mi oración.
Señor, por tu amor tan grande ponme a salvo.

Ven a rescatarme sin retardo, sé tú mi fortaleza y mi refugio. Pues eres mi refugio y mi fortaleza, por tu nombre, Señor, guía mis pasos.
Señor, por tu amor tan grande ponme a salvo.

Sácame de la red que me han tendido, porque eres tú mi amparo. En tus manos encomiendo mi espíritu y tu lealtad me librará, Dios mío.
Señor, por tu amor tan grande ponme a salvo.

Pero yo, en ti confío; «tú eres mi Dios», Señor, siempre te digo; mi suerte está en tus manos, líbrame del poder de mi enemigo que viene tras mis pasos.
Señor, por tu amor tan grande ponme a salvo.

Qué grande es la bondad que has reservado, Señor, para tus fieles. Con quien se acoge a ti, Señor, y a la vista de todos, ¡qué bueno eres!
Señor, por tu amor tan grande ponme a salvo.

Secuencia (opcional)

La Madre piadosa estaba junto a la cruz, y lloraba mientras el Hijo pendía; cuya alma triste y llorosa, traspasada y dolorosa, fiero cuchillo tenía.

¡Oh cuán triste y afligida estaba la Madre herida, de tantos tormentos llena!

Cuando triste contemplaba y dolorosa miraba del Hijo amado la pena.

¿Y cuál hombre no llorara si a la Madre contemplara de Cristo en tanto dolor?

¿Y quién no se entristeciera, Madre piadosa, si os viera sujeta a tanto rigor?

Por los pecados del mundo, vio a Jesús en tan profundo tormento la dulce Madre.

Vio morir al Hijo amado que rindió desamparado el espíritu a su Padre.

¡Oh dulce fuente de amor!, hazme sentir tu dolor para que llore contigo.

Y que, por mi Cristo amado, mi corazón abrasado más viva en él que conmigo.

Y, porque a amarlo me anime, en mi corazón imprime las llagas que tuvo en sí.

Y de tu Hijo, Señora, divide conmigo ahora las que padeció por mí.

Hazme contigo llorar y de veras lastimar de sus penas mientras vivo;

porque acompañar deseo en la cruz, donde lo veo, tu corazón compasivo.

¡Virgen de vírgenes santas!, llore ya con ansias tantas que el llanto dulce me sea;

porque su pasión y muerte tenga en mi alma de suerte que siempre sus penas vea.

Haz que su cruz me enamore y que en ella viva y more de mi fe y amor indicio;

porque me inflame y encienda y contigo me defienda en el día del juicio.

Haz que me ampare la muerte de Cristo, cuando en tan fuerte trance, vida y alma estén;

porque, cuando quede en calma el cuerpo, vaya mi alma a su eterna gloria. Amén.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Feliz la Virgen María, que, sin morir, mereció la palma del martirio junto a la cruz del Señor.
Aleluya.

Evangelio

Ahí está tu hijo. Ahí está tu madre
Lectura del santo Evangelio según san Juan 19,25-27

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaba su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a su Madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su Madre: «Mujer, ahí está tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Ahí está tu madre». Y desde entonces el discípulo se la llevó a vivir con él.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Oración sobre las Ofrendas

Acepta, Señor, los dones que te presentamos en esta festividad de la Virgen de los Dolores, a la que tu Hijo nos dio como madre cuando celebró en la cruz este mismo sacrificio que vamos a ofrecerte.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Antífona de la Comunión

Alegrémonos de participar en los sufrimientos de Cristo, para que podamos alegrarnos también el día en que venga lleno de gloria.

Oración después de la Comunión

Tú que nos has hecho partícipes del sacramento de nuestra redención en esta fiesta de Nuestra Señora de los Dolores, ayúdanos, Señor, a aliviar los sufrimientos que Cristo sigue padeciendo en nuestros hermanos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

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