Sábado 3 de Octubre

26ª Semana del Tiempo Ordinario

Antífona de Entrada

Bendita eres tú, Virgen María, por obra de Dios Altísimo, sobre todas las mujeres de la tierra; porque tu nombre ha sido engrandecido para que la boca de los hombres no cese de alabarte.

Oración Colecta

Al celebrar la gloriosa memoria de la santísima Virgen María, te pedimos, Señor, por su intercesión, que también nosotros logremos recibir la plenitud de tu gracia.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.

Primera Lectura

Ahora te han visto ya mis ojos, por eso me retracto
Lectura del libro de Job 42, 1-3.5-6.12-16

Job le respondió al Señor: «Reconozco que lo puedes todo y ningún plan es imposible para ti. Era yo el que con palabras insensatas empañaba la sabiduría de tus designios; he hablado de grandezas que no puedo comprender, de maravillas que superan mi inteligencia. Yo te conocía sólo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos; por eso me retracto de mis palabras y me arrepiento, echándome polvo y ceniza».

El Señor bendijo a Job al final de su vida más aún que al principio: llegó a poseer catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil burros. Tuvo siete hijos y tres hijas; la primera se llamaba Paloma, la segunda Acacia, la tercera Azabache. No había en todo el país mujeres más bellas que las hijas de Job. Su padre les asignó una parte de la herencia, al igual que a sus hermanos. Job vivió hasta los ciento cuarenta años, y vio a sus hijos y a sus nietos y a sus bisnietos. Y murió anciano y colmado de años.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Del salmo 118
Enséñame, Señor, tus mandamientos.

Enséñame a gustar y a comprender tus preceptos, pues yo me fío de ellos. Sufrir fue provechoso para mí, pues aprendí, Señor, tus mandamientos.
Enséñame, Señor, tus mandamientos.

Yo bien sé que son justos tus decretos y que tienes razón cuando me afliges. Todo subsiste hasta hoy por orden tuya y todo está a tu servicio.
Enséñame, Señor, tus mandamientos.

Yo soy tu siervo: instrúyeme y conoceré tus preceptos. La explicación de tu palabra da luz y entendimiento a los humildes.
Enséñame, Señor, tus mandamientos.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del Reino a la gente sencilla.
Aleluya.

Evangelio

Alégrense de que sus nombres estén escritos en el cielo
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 10, 17-24

En aquel tiempo, los setenta y dos discípulos regresaron llenos de alegría y le dijeron a Jesús: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre».

Él les contestó: «Vi a Satanás caer del cielo como el rayo. A ustedes les he dado poder para aplastar serpientes y escorpiones y para vencer toda la fuerza del enemigo, y nada les podrá hacer daño. Pero no se alegren de que los demonios se les sometan. Alégrense más bien de que sus nombre están escritos en el cielo».

En aquella misma hora, Jesús se llenó de júbilo en el Espíritu Santo y exclamó: «¡Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! ¡Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien! Todo me lo ha entregado mi Padre y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar».

Volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: «Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven. Porque yo les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron».
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Oración sobre las Ofrendas

Te ofrecemos, Señor, este sacrificio de alabanza, al conmemorar llenos de gozo a la Madre de tu Hijo; y te pedimos que por este santo intercambio, se aumenten en nosotros los frutos de la redención eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Antífona de la Comunión

Me llamarán dichosa todas las generaciones, porque Dios puso sus ojos en la humildad de su esclava.

Oración después de la Comunión

Alimentados por este celestial banquete, te rogamos humildemente, Señor, que nos concedas confesar de palabra y con las obras a tu Hijo, nacido de la Virgen Madre. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.

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