Martes 13 de Octubre

Reflexión sobre el Evangelio

El sentido de este texto no es fácil de captar. Probablemente Nuestro Señor aprovecha el juego de palabras «lo de fuera» y «lo de dentro», con ocasión de la limpieza de vasos y platos, para dar una enseñanza acerca de la importancia primordial de lo interior del hombre sobre las meras apariencias, en contra del error común de los fariseos y de la tendencia frecuente de tantas personas. Así, con estas palabras, Jesús nos amonesta diciendo que en vez de andar tan preocupados por las cosas «de fuera» nos deben preocupar sobre todo las «de dentro». Aplicado al caso de la limosna, lo que importa es dar generosamente de los bienes que guardamos de forma egoísta: esto es, no basta con dar unas monedas, que es algo que puede quedarse en la sola exterioridad, sino que hay que dar a los demás el amor, la compasión, el trato delicado, el respeto a su libertad, la preocupación honda por su bien espiritual y material…, que son irrealizables sin unas disposiciones interiores de amor al prójimo.

Meditación

El perdón de nuestras ofensas

I. ‘Padre, perdónanos nuestras ofensas’, pedimos todos los días en el Padrenuestro. Cada día tenemos necesidad de pedir perdón al Señor por nuestras faltas y pecados. Hoy podemos hacer nuestra aquella jaculatoria del publicano: ¡Oh Dios, ten compasión de mí, que soy un pecador! El Señor puso estas palabras en boca del publicano para que las repitiéramos nosotros. ¡Cuánto bien nos puede hacer esta oración, repetida con un corazón humilde! Debemos recordar que, aunque el pecado tenga en nosotros, en los demás, y en la sociedad, nefastas consecuencias, es esencialmente, una ofensa a Dios. ¡He pecado contra el Cielo y contra Ti! (Lc 15, 18), proclamará el hijo pródigo cuando vuelve arrepentido a la casa paterna. ¡Qué don tan grande es reconocer nuestros pecados, sin excusas ni mentiras, y acercarnos hasta la fuente inagotable de la misericordia divina y poder decir: Padre, perdónanos nuestras ofensas! ¡Qué paz tan grande da el Señor!

II. Enseña Santo Tomás, que la Omnipotencia de Dios se manifiesta, sobre todo, en el hecho de perdonar y usar de misericordia, porque la manera que Dios tiene de mostrar que posee el supremo poder es perdonar libremente (Suma Teológica). El Señor está dispuesto a perdonarlo todo de todos con infinita misericordia en el sacramento de la Confesión. Es verdad que pecamos contra Dios, pero también es verdad que pedimos perdón a un Padre que nos ama, y hasta nos enseña con qué palabras hemos de pedir. III. ‘Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden’, rezamos todos los días. El Señor espera esta generosidad que nos asemeja al mismo Dios. Dios nos ha perdonado mucho, y no debemos guardar rencor a nadie. Hemos de aprender a disculpar con más generosidad, a perdonar con más prontitud. Perdón sincero, profundo, de corazón. A veces nos sentimos ofendidos por una exagerada susceptibilidad o por amor propio lastimado por pequeñeces. Y si alguna vez se tratara de una ofensa real y de importancia, ¿no hemos ofendido nosotros mucho más a Dios? Seguir a Cristo en la vida corriente es encontrar, también en este punto, el camino de la paz y la serenidad. Jesús pide perdón para los que lo crucifican: imitarlo, nos hará saborear el amor de Dios, y nos conseguirá que la misericordia divina perdone nuestras flaquezas. Pidamos a la Virgen que nos ayude a perdonar, como Ella perdonó a los que crucificaron a su Hijo.

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