Domingo 18 de Octubre

Reflexión sobre el Evangelio

Jesús da una respuesta cuya profundidad ellos no alcanzan y que es al mismo tiempo absolutamente fiel a la predicación que ha venido haciendo del Reino de Dios: dar al César lo que le corresponde, pero no más de ello, pues desde luego hay que dar a Dios lo que le corresponde, reverso necesario de la cuestión, que no le habían planteado. No existe igualdad de nivel, pues para un israelita Dios trasciende toda cota humana. ¿Qué es lo que corresponde al César? La tributación, que la necesita para la existencia del ordenamiento temporal. ¿Qué es lo que hay que dar a Dios? Evidentemente ‘todos’ los mandamientos, que implican el amor y la entrega personales. La respuesta de Jesús supera el horizonte humano de sus tentadores; está por encima del sí y del no, que querían arrancarle.

Meditación

Dar a Dios lo que es de Dios

I. La Primera lectura de la Misa (Is 45; 1; 4-6) nos muestra cómo Dios elige sus instrumentos de salvación dónde quiere: se sirve de la autoridad política para hacer el bien, pues nada queda fuera de su dominio paternal. En el Evangelio del día, (Mt 22, 15-21) ante una pregunta insidiosa de los fariseos unidos a los herodianos, Jesús reafirma el deber de obedecer a la autoridad civil. El Señor da una respuesta de una hondura divina: Dad al César lo que es del César, lo que le corresponde (tributos, obediencia a las leyes justas), pero no más de ello, porque el Estado no tiene una potestad y un dominio absoluto. Como ciudadanos normales, los cristianos tienen “el deber de aportar a la vida pública el concurso material y personal requerido por el bien común” (Conc. Vat. II, Gaudium et spes). Por su parte, las autoridades están gravemente obligadas a servir al bien común sin buscar el provecho personal, a legislar y gobernar con el más pleno respeto a la ley natural y a los derechos de la persona desde el momento de su concepción.

II. En esta ocasión, el Señor reconoció el poder civil y sus derechos, pero advirtió claramente que deben respetarse los derechos superiores de Dios (Conc. Vat. II, Dignitatis humanae), pues existe en el hombre una dimensión religiosa profunda, que informa todas las tareas que lleva a cabo y que constituye su máxima dignidad. A su respuesta agrega: Dad… a Dios lo que es de Dios. Cuando el cristiano actúa en la vida pública, no debe guardar su fe para mejor ocasión. Por el contrario, ha de ser luz y sal donde se encuentre, y ha de esforzarse en convertir el mundo en un lugar más humano y amable, donde los hombres encuentren con más facilidad el camino que les lleve a Dios. Lo logrará a través de la concordancia entre su vida y su fe, con la caridad fraterna, participando en las condiciones de vida, trabajos y sufrimientos y aspiraciones de sus hermanos, los hombres; con plena conciencia de su papel en la edificación de la sociedad III. El cristiano, al actuar en la vida pública, lleva consigo una luz poderosa, la luz de la fe. Sabe muy bien que las enseñanzas de Dios, no sólo no suponen un obstáculo para el bien de las personas y de la sociedad, o para el progreso científico. Por el contrario, son una guía para su realización. A Dios lo que es de Dios. De Dios es la vida de los hombres, desde su concepción; y la familia, a la que santificó en Nazaret, basada en un matrimonio indisoluble, como Él mismo lo declaró ante el escándalo de los que le escuchaban. Pidamos a la Virgen la alegría santa de sentirnos en toda ocasión hijos de Dios, y de actuar como tales.

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