Sábado 7 de Noviembre

Reflexión sobre el Evangelio

Nuestro Señor habla de fidelidad en lo poco refiriéndose a las riquezas, ya que en realidad éstas son muy poca cosa comparadas con los bienes espirituales. Si el hombre es fiel, generoso y desprendido en el uso de esas riquezas caducas, recibirá al final el premio de la vida eterna, la riqueza máxima y definitiva. Por otra parte, la vida humana por su misma naturaleza es un entramado de cosas pequeñas; quien no les preste atención no podrá realizar las cosas grandes.

Meditación

Servir a un solo Señor

I. Seguir a Cristo significa encaminar a Él todos nuestros actos. No tenemos un tiempo para Dios y otro para el estudio, para el trabajo, para los negocios: todo es de Dios y a Él debe ser orientado. Pertenecemos por entero al Señor y a Él dirigimos nuestra actividad, el descanso, los amores limpios… La espiritualidad no puede ser nunca entendida como un conjunto de prácticas piadosas y yuxtapuestas a nuestra vida ordinaria. El quehacer de todos los días, el cuidado de los instrumentos que empleamos en el trabajo, el orden, la serenidad ante las contradicciones que se presentan, la puntualidad, el esfuerzo que supone el cumplimiento del deber… es la materia que debemos transformar en el oro del amor a Dios. Todo está dirigido al Señor, que es quien da un valor eterno a nuestras obras más pequeñas.

II. En cualquier momento del día o de la noche debemos de mantener el empeño por ser, con la ayuda de la gracia, hombres y mujeres de una pieza, que no se comportan según el viento que corre o que dejan el trato con el Señor para cuando están en la iglesia o recogidos en oración. En la calle, en el trabajo, en el deporte, en una reunión social, somos siempre los mismos: hijos de Dios, que reflejan con amabilidad su seguimiento a Cristo: ya comáis, ya bebáis, o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios (1 Co 10, 31). El amor a Dios, si es auténtico, se refleja en todos los aspectos de la vida, y aunque las cuestiones temporales tengan su propia autonomía y no exista una “solución católica” a los problemas sociales, políticos, etc., tampoco existen ámbitos de “neutralidad” donde el cristiano deje de serlo y de actuar como tal (I. Celaya, Unidad de vida y plenitud cristiana). Dios es nuestro único Señor. III. Si actuamos para Dios, poco o nada nos debe importar que los hombres no lo entiendan o que lo critiquen. Es a Dios a quien queremos servir en primer lugar y sobre todas las cosas. Este amor con obras es la mayor tarea que podemos realizar a favor de nuestros hermanos los hombres. Nuestra Madre Santa María nos ayudará a rectificar la intención para que toda nuestra vida sea un verdadero servicio a Dios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s